¿Por qué escribo?

Extraña estancia
Extraña estancia

Extraña estancia, de María Jesús Alvarado

Reconozco que la poesía es una de mis asignaturas pendientes, creo que por tan subjetiva a veces se me revierte incomprensible, no tengo poetas favoritos y por el momento sólo me he interesado por unos cuantos poemas que el azar ha querido que aparecieran entre mis manos. Pero al mismo tiempo reconozco que debe ser cierto lo que cuentan muchos autores (digo que “debe ser” porque todavía no lo he experimentado) cuando hablan de que leer poesía es imprescindible para escribir prosa, que es necesario llenarse de ese juego de palabras para luego ser capaz de encontrar nuevos caminos en la escritura. Por eso, y quizás por haberme tropezado con “Extraña Estancia” de María Jesús Alvarado, me he decidido apuntarme a un curso de poesía, no porque pretenda escribirla, sino porque tengo la esperanza de poder aprender muchas cosas de ella.

Escribía hace tiempo en este mismo blog (la palabra en castellano para blog es bitácora ¿cuál utilizarían ustedes?) sobre Benedetti, y copiaba su poesía “Táctica y estrategia”; esa poesía me llena porque la subjetividad no camufla a ojos de otros su significado: es clara, real, y además, fácil de identificarse con ella. Sin embargo también leo un librito que me ha regalado Elsa López (compañera de la recientemente creada Asociación Canaria de Escritores) “La puerta entornada”, de Ángel Crespo, y entre los aforismos de este libro descubro:

“si sabes perfectamente lo que está diciendo, no continúes tu poema: rómpelo. Si el poema no es tuyo, no lo rompas, pero deja de leerlo”

Y supongo que esto tendrá que ver con lo que comentaba anteriormente de la subjetividad. En definitiva: la poesía comprensible frente a la gran subjetividad, a ver qué me aclara este curso que empiezo mañana, igual cuando lo termine hasta me arrepiento de haber escrito esto; o no, ya veremos…

En cualquier caso me han encantado los poemas que aparecen en “Extraña estancia” (editorial Puentepalo), un libro dividido en cuatro partes que trata, cada una de ellas, sobre lo que significan para la autora los siguientes versos:

He aprendido en este tiempo

que sólo yo puedo marcar mis huellas,

que el amor es el más dulce y el más amargo pasatiempo,

que por nacer mujer el sendero es más difícil

y que debo aprender a compartir el tiempo y el camino

Me gustan estas cuatro partes en las que está dividida el poemario: el individuo, el amor, la condición sexual, y la relación con los otros; y si además está bien escrito y transmite como transmite esta extraña estancia que es la vida de cada uno de nosotros, pues que cada cual obtenga sus propias conclusiones… ¿las mías? que me encanta y me emociona la extraña estancia de María Jesús Alvarado. Personalmente me he sentido más identificado con los poemas que componen las dos primeras partes (qué sólo yo puedo marcar mis huellas, que el amor es el más dulce y amargo pasatiempo) en los que creo que la autora mira más hacia sí misma (las dos segundas partes mira más a su alrededor), y mirando ella hacia sí misma también he acabado yo mirándome a mí mismo, y creo que ese es el principal éxito de este agradable e intenso poemario: que me he identificado con lo que cuenta, y que además lo expresa con palabras bellas capaces de provocar emociones.

Escribo

porque es mi manera de estar viva.

Porque a veces no entiendo por qué

si tengo tanto miedo, soy tan feliz.

Porque escribir el dolor lo calma.

Y escribir el amor me hace creer en él.

Porque escucho cada día una canción

que sólo suena para mi.

Porque le he dado forma a mi vida,

y, sin embargo, añoro lugares y personas

que no conoceré nunca.

Porque la soledad es más bella en un poema.

Porque puedo conservar los instantes felices

si el papel los abraza. Y porque tengo derecho

a desangrarme como más me duela.

Porque muchas veces no sé cómo decir,

y así lo digo de algún modo…

Escribo porque la vida no es suficiente.

Y algo tengo que hacer para entender

qué hago aquí y como puedo

acercarme, verso a verso, a la luz.

Hace unos cuantos post escribía en esta bitácora (¿o debería llamarla blog?) que escribiría sobre por qué escribo (y van tres “escribir” en esta corta frase y no queda tan mal…), y qué satisfacción cuando encuentras una poesía que muestra perfectamente lo que tú querías expresar…, porque escribir es mi forma de estar vivo, porque la soledad es más bella en un poema, porque puedo conservar los instantes si el papel los abraza, porque la vida no es suficiente…, y además, porque creo que por medio de la escritura soy capaz de expresarme y comunicarme mucho mejor. Por eso escribo, porque es la mejor manera que he encontrado para aprender y entender la realidad, y por tanto, para aprender y entenderme a mí mismo.

Y para terminar otra de las tantas poesías que me han emocionado de “Extraña estancia”:

Paladeamos la tarde

de otro domingo en casa.

Tumbados, indolentes,

sobre el colchón de las horas muertas,

apuramos el último libro

y escribimos versos

como quien cuelga cuadros

en las paredes limpias.

Suena Creedence… otra vez

Cada uno en su reino,

compartimos las risas, los besos y el silencio,

seguros, los cuatro,

de encontrarnos al estirar la vista.

Ellas se van pareciendo tanto a nosotros…

Ajenos al mundo, disfrutamos el tiempo,

ingenuamente protegidos

del dolor que acecha al otro lado de la puerta.

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