La complicada convivencia de las parejas y la individualidad

La identidadMilan Kundera

Estos días he estado leyendo a Milan Kundera, dos novelas que tenía en la librería de casa y que todavía no había leído, «La insoportable levedad del ser» y «La identidad» (bueno, esta última sí que la había leído, me la regaló mi ex-cuñada por mi cumpleaños hace ya tantos años que no me acordaba de nada, es una pena, porque cuando era mi cuñada siempre nos regalábamos un libro por nuestro cumpleaños, lástima que cuando pasó a “ex” perdimos la costumbre, seguro que este podría ser perfectamente uno de los temas de Kundera…). Bueno, pues cerrado este paréntesis debo decir que, si bien no he quedado fascinado por las novelas de Kundera, sí que me han parecido muy interesantes y evocadoras. En primer lugar me ha llamado la atención su forma de escribir, escueta, directa, concreta, sin descripciones, sin rodeos, sin abalorios, con capítulos cortos, y yendo directamente al grano. Y en segundo lugar me han gustado sus temas: la individualidad, la pareja, la ruptura o la supervivencia.

Ayer mismo leía una entrevista a Mbuyi Kabunda, un africanista bastante reconocido en España, le preguntaban que qué podía aportar la sociedad africana más allá de las habituales (y parciales) noticias catastrofísticas (sólo son una parte de la realidad africana), y Kabunda hablaba de valores sociales, de solidaridad, de hospitalidad, de comunidad, de valores humanos y de buen humor, bienes cada vez más escasos en el mundo occidental. ¿Y a que viene todo esto en este post hablando de Kundera?, pues no lo sé, quizás a que entreveo tristeza en las dos novelas que acabo de leer, a que entreveo problemas personales, crisis de pareja, y sobre todo, una gran individualidad, y no estoy seguro de que esta individualidad, unidad (el individuo) sobre la que se basa la sociedad occidental, sea del todo buena.

Dos cosas me han llamado poderosamente la atención del personaje de Jean Marc en «La identidad», a Jean Marc, aparentemente enamorado de Chantal, cada vez que pasa un cierto tiempo sin verla le ocurre lo mismo, que cuando se reencuentra con ella no la reconoce, que tiene que pasar unos minutos o unas horas hasta volver a darse cuenta de que es ella la mujer que ama, como si su individualidad (la de Jean Marc) fuera tan grande que fuese realmente difícil integrarla en otra persona. También me llamó la atención la indolencia, la pasividad de Jean Marc ante la muerte de un viejo amigo: ―Su muerte te ha afectado después de todo ―dijo Chantal. ―No ―dijo Jean Marc―, o tal vez lo que me afecta es que no me afecte. Y estos dos pasajes de la novela no me han llamado la atención porque me parezcan extraños, quizás más bien porque nos sintamos reconocidos…

«La insoportable levedad del ser» habla más o menos de lo mismo, de las difíciles relaciones de pareja, pero todo ambientado en otra época, «La identidad» en París de mediados de los 90 y  «La insoportable levedad del ser» en la Checoslovaquia invadida por las tropas rusas comunistas. No puedo evitarlo, las consecuencias sobre la falta de libertad de las personas en las dictaduras me atraen poderosamente, quizás porque es una época donde se luchaba por unas necesidades básicas, y ya sabemos que para darse cuenta de los cosas es necesario echarlas de menos, y estoy firmemente convencido de que esa lucha te hace más consciente, probablemente te conduce a convertirte en una persona más íntegra…

Dos cosas también me han llamado la atención en la «Insoportable levedad del ser». En primer lugar una cuestión que prevalece en el mundo desde la noche de los tiempos, la infidelidad, como para unos (unas) no tiene nada que ver sexo con amor, y como para otros (otras)  son palabras sinónimas, y lo que es más grave: como en las parejas formadas por individuos de las dos clases citadas la empatía no es posible, al primer@ le cuesta mucho dejar de acceder al sexo por una cuestión de fidelidad,  el segund@ nunca entenderá las razones del primer@: la vida misma ¿hay punto de encuentro?, ¿cuántos años se tarda en encontrarlo o en perderlo?

Y lo segundo que me ha llamado la atención ha sido el concepto del «kitsch», en época de invasión del comunismo (o de cualquier dictadura) la población no puede nunca reflejar incertidumbre, todo en el sistema es fantástico y maravilloso, todo el mundo es feliz, no ocurren cosas malas y aquel que piense lo contrario nunca lo puede manifestar en público: no existen mujeres que abandonan a sus hijos, no existen hombres que aman a hombres, no existen gentes que opinen lo contrario, no existe nada malo porque impera el «kitsch» y aquel que lo ataque será arrojado a la fosa higiénica del gulag. Bueno, son otras épocas, pero si nos ponemos a pensar, también en la actual podemos autoimponernos una especie de «kitsch», aunque ahora lo llamemos de otra forma, y a muchos les guste decir  políticamente correcto, y otros simplemente no lo llamen de ninguna manera porque quizás ni se dan cuenta (ni nos damos cuenta) de que están (estamos) bajo el síndrome del «neo-kitsch», del pensamiento único, pensando (o sin pensar), razonando (o sin razonar), actuando siempre como se supone que se debe hacer.

En fin, que da para mucho Kundera, reflejándonos en sus historias también da, entre otras cosas, para sentir miedo de nosotros mismos…

La insoportable levedad del ser
La insoportable levedad del ser
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