Regresar a Babel

BabelEl sacrilegio del doblaje

Regreso de nuevo a Babel, la espléndida película de Alejandro González Iñárritu de la que ya hablé hace un par de posts. Y regreso de nuevo porque cuando salí del cine la primera vez me dije que la volvería a ver, porque es una película que hay que ver en versión original, y no en versión doblada como la proyectan en Santa Cruz (que sí, que qué bueno que ya tengamos Renoir, pero también qué mal, que todavía no se atreven a ponernos las versiones originales subtituladas). Así que he aprovechado un viaje de trabajo a Madrid para ir de nuevo al cine, a ver la verdadera versión que anda por ahí y que desafortunadamente no nos llega a todos.

El mundo es un lugar complicado ¿verdad?, a veces es difícil entenderlo, comprendernos a nosotros mismos o incluso a personas que están a nuestro alrededor. El mundo está lleno de gentes que hablan, que se entienden o no. El mundo está lleno de  países, unos con más recursos, otros con menos; el mundo está lleno de gente que se mueve, que atraviesa fronteras; unos por placer, otros por necesidad; gentes que van y vienen, gentes que viven en partes del mundo que nunca serán su casa, o gentes que siempre vivieron allí y nunca se moverán. Y en toda esta maraña inabarcable de gente moviéndose hay cosas que nos distinguen a los unos de los otros, que nos diferencian, que implican relaciones positivas, negativas, indiferentes…, que implican sentimientos, que implican maneras de verse y de ver a los demás; hechos que están ahí y no siempre se pueden obviar, para bien, para mal, o simplemente para nada: la manera en la que se viste, el color de la piel, la lengua, el acento…

Bueno, pues yo creo que de todo eso habla Babel. Y sobre todo de su título, de Babel, de la comunicación entre las personas, de la incomunicación entre las personas, de las diferencias y las implicaciones que tiene hablar así aquí, o hablar asá acá, o hablar asá aquí o hablar así acá. Bueno, pues todo esto se lo pasa por el forro la versión doblada de Babel, adultera la obra de arte que es la película, como si al meterla en el estudio de doblaje la robasen, al igual que El Grito de Munch, para luego enviarla a los cines de versión doblada como el cuadro recuperado de Munch: gritando sus desperfectos irreparables.

Personalmente me parece muy interesante la manera  de hablar que tienen los hispanos en los EEUU, recuerdo caminar por las calles de Miami y escuchar ese spanenglish que define algunas características de las personas que lo utilizan. Que en la película Adriana (la señora mexicana que trabaja en casa de los norteamericanos Richard y Susan y se ocupa de sus hijos durante el viaje de éstos a Marruecos) hable la mitad del tiempo en inglés y la mitad en español no se aprecia en la versión doblada, y sin embargo qué detalle con tantas implicaciones. Que los niños aparentemente no hablen en español pero que lo entiendan perfectamente tampoco se aprecia en la versión doblada. No está puesto al azar en el guión que Adriana les haga a los niños una pregunta tan sencilla “¿ya se lavaron los dientes mis niños?”, no hay nada al azar en Babel, no hay nada al azar para mostrar que Adriana les pregunta en español y ellos le enseñan los dientes sonriendo para contarnos González Iñárritu que los niños la han entendido, que en algunas partes de EEUU se mezclan los idiomas, las culturas, que los niños norteamericanos viajen a México y jueguen con otros niños mexicanos entendiéndose al hablar con apenas 5 ó 6 años tampoco lo muestra la versión doblada, y sin embargo significa tanto…

Tampoco muestra la versión doblada las diferencias de la utilización del lenguaje en Marruecos, la forma en la que hablan inglés los guías turísticos, lo que dicen en su idioma o lo que dicen en inglés para que los turistas los entiendan o no. Los diferentes turistas en la guagua (o en el autobús) que en la versión doblada sólo hablan español (se supone que inglés) resulta que son americanos y franceses (y hablan inglés y francés). Yo mismo al escribir “guagua” ya estoy ofreciendo una consideración sobre mi mismo, y todo eso lo obvia la versión doblada de Babel. Nunca Susan podría entender los cánticos de la anciana marroquí que le da algo de fumar y le acaricia la cabeza para que se tranquilice, sin embargo en la versión doblada se lo canta en su mismo idioma, rompiendo así parte de la extrañeza para Susan de encontrarse en ese lugar extraño, quizás decrépito, perdido en un mundo tan alejado para ella. Tampoco muestra la versión doblada esa habitual y  estúpida ignorancia de los anglófonos al suponer que todo el mundo debe entender su lengua, algo que te das cuenta nada más hacer el par de viajes que al parecer los que han decidido doblar la película no han hecho nunca. Richard le grita al policía marroquí en inglés pensando que debe entenderle, ¿es arrogancia o simplemente ignorancia?, sin embargo el policía no entiende absolutamente nada, como puede que tampoco lo entiendan lo espectadores que acceden a una sala que proyecta la versión doblada.

Hay más detalles, pero ya se me hace largo este post, quizás ya sería mucho quejarse por escuchar a los habitantes de Tokio o a los beréberes de las montañas del Atlas utilizando la misma lengua que además hablas tú. Pero mejor lo dejo aquí, quizás estoy demasiado decepcionado por ver como el doblaje de la película se carga de lleno la esencia de la misma película que Babel es. Los del doblaje robaron El Grito y lo devolvieron hecho una mierda.

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