Benedetti versus Carpentier

La tregua
La tregua

¿Qué quiere decir que usted está enamorado de mí?

Cada vez que busco un río (en las islas no hay y por eso los busco) me gusta acercarme a la orilla para tocar sus aguas, sentirla fría sobre mi mano, suave, diáfana, en un remanso o en un rápido; lo mismo me ocurre con el tronco de un árbol, palpar su corteza, me gusta echarme sobre la hierba, apoyar mi rostro en el suelo y escuchar el sonido de la tierra, —(…) Me acerqué, yo también miré como llovía, no dijimos nada por un rato. De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado de intensidad—. Me gusta entrar en el coche bajo el sol en verano, encerrarme dentro con las ventanas cerradas y sentir durante unos segundos la alta temperatura aferrarse a mi piel como si estuviera en una sauna, me gusta bañarme en el mar los días que me afeito y que la sal salada me escueza en la cara. Me gusta tocar las cosas, y sentirlas, y creerlas siempre bajo una lógica cercana, bajo una experiencia propia o al menos comprendida, mis amigos esotéricos dicen que soy un tauro demasiado apegado a la tierra, —(…) una de las cosas más agradables de la vida: ver cómo se filtra el sol entre las hojas—.

¿Y todo esto a que viene?, —(…) ¿sabes lo que te pasa?, que no vas a ninguna parte… Pero hace ya cuatro horas que estoy intranquilo, como si realmente no fuera a ninguna parte y sólo ahora me hubiese enterado—, pues viene a que el azar ha querido que me haya leído seguidos dos libros tan diferentes como son «La Tregua», de Mario Benedetti —otra vez Benedetti—, y «El reino de este mundo», de Alejo Carpentier (por primera vez Carpentier); en resumen, el realismo de Benedetti frente a lo fantástico de Carpentier, dos estilos distintos, dos puntos de vista distintos, narrar desde la realidad, o narrar desde la fantasía, desde el realismo mágico, o desde lo real maravilloso como se define Carpentier.

En «La Tregua», el personaje es uno de esos habituales personajes de Benedetti, un montevideano urbano, oficinista, desencantado, sensible, —(…) hoy cenamos juntos por el cumpleaños de mi hijo Esteban, nunca he sabido de qué hablar con Esteban…, creo que todos nos sentimos un poco obligados a mostrarnos alegres—, un montevideano frustrado pero anhelando un estado, si no de felicidad, al menos de algo parecido, un personaje aparentemente gris pero que no lo es tanto, porque se reconoce en esa situación, porque es perfectamente consciente de sus carencias y es capaz de medir con precisión cada una de las consecuencias de sus actos, y eso no es precisamente ser gris, sino más bien lo contrario, —(…) Qué feo eso de que a uno le digan la verdad, sobre todo si se trata de una de esas verdades que uno ha evitado decirse aun en los soliloquios matinales—.

En «El reino de este mundo», Alejo Carpentier nos cuenta la historia de los últimos años de la colonización de Haití y los primeros de su independencia. Carpentier utiliza un estilo basado en un lenguaje preciosista o barroco, que confiere a la narración un carácter casi mágico; si a eso le añadimos la influencia del vudú en la sociedad haitiana, los personajes que se convierten en objetos o animales, o las creencias espirituales de los lugareños, hace que pensemos que estamos ante un relato fantástico pese a que todos los hechos que narra sean absolutamente verídicos. Personalmente «El Reino de este mundo» me ha parecido muy interesante, más allá de la calificación de obra maestra que le otorgan muchos de los críticos, por acercarnos a un periodo histórico tan desastroso como atrayente, como fue la época de las colonizaciones, y los efectos perniciosos que el binomio dominación-subyugación tuvo entre los habitantes de la época y sus consecuencias que desgraciadamente todavía arrastramos hoy en día.

Pero este tauro apegado a la tierra prefiere a Benedetti, y al Martín Santomé indefenso y torpe cuando se encuentra frente a una mujer que llora, al Martín Santomé que siente que en su vida todo ha sido demasiado obligatorio como para poder sentirse feliz, al Martín Santomé que se deja arrastrar en aquellos momentos en los que el dolor lo pone a uno exageradamente receptivo, y al Martín Santomé al que le hacen esa pregunta, ¿qué quiere decir que usted está enamorado de mi?, pregunta que a él nunca se le había ocurrido que existiese y que sin embargo estaba ahí, sentada en un café frente a él, a su alcance, como a nuestro alcance está el realismo de un Mario Benedetti al que he intercalado en este texto porque parece que se nos ha colado en nuestras vidas para escribir con certeras palabras suyas todo aquello que muchos de nosotros sentimos.

El reino de este mundo
El reino de este mundo
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