Leer una novela a destiempo

 

 

El amor en los tiempos del cólera
El amor en los tiempos del cólera

El amor en los tiempos del cólera

No sé si les ha pasado a ustedes, que un día empiezan a leer un libro y que a lo mejor ese no es tu momento personal para afrontar una historia como esa que has escogido, que tus biorritmos van por otro lado (hace muchos años estuvo muy de moda eso de los biorritmos y parece como si hubieran desaparecido del mapa), que tu situación personal en ese preciso momento va por otro camino, y que la historia, que ya empezaste y vas por la página ochenta y pico, quizás ya no valga la pena dejar atrás. Pues eso es lo que me acaba de pasar a mí, y lamentablemente con una novela que estaba esperando leer desde hace años: El amor en los tiempos del cólera, es una lástima que mis inquietudes actuales divergieran absolutamente de una trama centrada en los amores caribeños de principios del XIX, pero cuando me di cuenta ya era demasiado tarde…

Una lástima, porque no he acabado de disfrutar esta magnífica novela de García Márquez, no estaba yo para enfrentarme al triángulo amoroso entre Fermina Daza, el doctor Juvenal Urbino y Florentino Ariza, ¿y por qué no me eché atrás?, porque el primer capítulo es magnífico, sobre todo su final que ha sido lo que más me ha gustado de la novela. Aunque normalmente no desvelo secretos de los libros que leo, aquí lo voy a hacer, porque no soy yo el que vaya a descubrir ahora «El amor en los tiempos del cólera», y porque ya el texto de la contraportada te da alguna pista anunciándose un final feliz, pero cuando el primer capítulo te describe en ochenta páginas magistrales la personalidad del matrimonio entre Fermina Daza y Juvenal Urbino, el matrimonio perfecto de dos personas absolutamente compenetradas desde hace cuarenta años, y a la muerte del marido intentando atrapar un loro que se había escapado, se organiza el velatorio en la propia casa y es precisamente un tal Florentino Ariza (que acababa de aparecer) el último en irse, el último en darle el pésame a la viuda diciéndole que ha estado esperado ese momento desde hace cuarenta años, y que tras echarlo de su casa asombrada por el improperio, la viuda Fermina se va a la cama y mientras intentaba conciliar el sueño resulta que pensaba más en el recién aparecido Florentino Ariza que en el marido muerto. Brillante golpe de efecto, brillante estructura pensada para meter al lector de lleno en la novela y para que ya no la suelte hasta al final. Sin embargo el resto no lo disfruté tanto, no estaba yo en ese momento para amores caribeños decimonónicos…

En cualquier caso comentaré lo que más me ha gustado y lo que no. Lo que más el final de ese primer capítulo, pero también la prosa de toda la novela, rica, llena de imágines, fácil de leer y eficaz. Me ha gustado la descripción magnífica de la sociedad de la época, las costumbres, los razonamientos, las obligaciones de sus habitantes; también los avances tecnológicos de principios del XIX, el telégrafo, el barco de vapor, la llegada del teléfono, las cartas (me encantan las cartas en las novelas, me parecen un recurso cargado de expectativas). Me han gustado pasajes concretos, como el primer reencuentro oficial entre Fermina Daza y Florentino Ariza tras la muerte del marido: gracioso, simpático, con chispa; o al final la escena de los dos reencontrados ancianos en la pasarela del buque, cuando Fermina dice una frase magistral y creo de enorme vigencia en la actualidad y con el conjunto de la novela: «es increíble cómo se puede ser tan feliz durante tantos años, en medio de tantas peloteras, de tantas vainas, carajo, sin saber en realidad si eso es amor o no».

Y lo que menos me ha gustado, pues que no me ha llegado a enganchar las vicisitudes amorosas de los protagonistas (como que no estaban para mi en verano de 2007, seguro la hubiese leído diez años antes y me hubiese encantado), además se añaden a la novela algunos pasajes e historias que creo que sobran, que tienen coherencia con el argumento del amor pero parece que están de más, y tampoco me ha acabado de convencer, en algunas intervenciones, el papel del narrador, un narrador que a menudo se sale de la novela y dictamina sus propias conclusiones. No sé, quizás a mi me enseñaron que el narrador debía pasar más desapercibido y mostrar más que decir. Eso fue lo que aprendí, para mal, o para bien…

Pues eso, no hay mucho más, sólo que me da pena haber cogido precisamente esta novela a destiempo, que la llevaba esperando tantos años. ¿Les ha pasado alguna vez a ustedes?

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