La violación del imaginario, Aminata Traoré

La violación del imaginario
La violación del imaginario

Aminata Traoré

La maliense Aminata Traoré es una de esas voces africanas que hace falta escuchar: nunca escuchamos las voces africanas, casi siempre hablamos por ellos, en muchísimos foros, seminarios, encuentros organizados por Occidente para tratar o decidir asuntos africanos apenas hay voces africanas, solemos imponer nuestro discurso sobre las cosas que a ellos les incumben, un ejercicio de cinismo, quizás… probablemente un añadido más a esa violación del imaginario de la que habla Aminata Traoré.

“La violación del imaginario” está escrito en los días posteriores al atentado de las torres gemelas de Nueva York, difícil futuro predice Aminata, en el que los dueños de la humanidad, sin ningún proyecto humanista, se han instalado en una situación en donde los corazones, cada vez más desengañados y desecados, solo se conmueven cuando la muerte brutal golpea a los poderosos, y en el que la intensidad y la sinceridad de la emoción está en función del status social de las víctimas, o del prestigio del lugar en donde ocurre la desgracia. Interesante reflexión; por mi parte, que gran parte de lo que pienso lo pienso en clave africana, que casi todo lo que hago lo comparo con África, que mis referencias sin duda sus africanas, no puedo dejar de sorprenderme por algunos de nuestros comportamientos. Hace poco  reflexionaba sobre esta cuestión de la muerte que golpea al status social, hace unos meses la muerte en España de un futbolista (con todos mis respetos hacía esa muerte y hacia esa familia) se convirtió casi en un duelo nacional, cincuenta mil personas asistieron a su entierro en la ciudad de Sevilla y fue el asunto de la semana (ni siquiera del día) en todas las cadenas de televisión. Sin embargo otras imágenes, otras necesidades nos son indiferentes, será cierto que la humanidad no tiene un proyecto humanista; como dice Aminata Traoré: «parece que algunas vidas valieran más que otras, como si la muerte le sentara mejor al Sur que al Norte».

El imaginario africano violado, la mirada del Otro, es decir, de Occidente, en una posición siempre dominante, desde la esclavitud, la colonización: no le gustas a Occidente y te lo hace saber —dice Traoré—, y de esta forma se ataca a la imagen que los negros tenemos de nosotros mismos. El africano interioriza esa mirada y, progresivamente, aspira a ser y a vivir como los blancos: nuestras ciudades, nuestras casas, nuestros decorados, nuestras vidas son con frecuencia pálidas copias de modelos occidentales. La África que defiende Traoré empieza, por tanto, por la descolonización de las mentes, su advenimiento es una condición previa para la participación de África en el orden del mundo sobre bases distintas que las de la subordinación y la simulación.

Aminta Traoré critica todo o casi todo lo que proviene de Occidente, y que desvirtúa a África, con un estilo a veces más apasionado que tecnócrata, crítica los planes del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, de la Organización Común de Mercado, de la globalización… y critica a los africanos que lo interiorizan, los falsos Estados actuales africanos que han sido impuestos por Occidente y que ignoran la voluntad del pueblo, que no cuentan con la opinión de la sociedad civil, la sociedad civil africana de la que Traoré es una de sus máximos exponentes.

Tiene un nombre bonito ¿no creen?, Aminata Traoré nos cuenta también sus vivencias personales, sobre todo su fallida experiencia como Ministra de Cultura de su país, Mali, su intento por cambiar las cosas desde dentro, desde el mundo oficial, y al que tuvo que renunciar porque, según se desprende de sus páginas, «no podía ser africana y ministra al mismo tiempo». Un ejemplo interesante, siendo miembro del comité de orientación del nuevo museo Branly de París, y del que se vio obligada a dimitir por las condiciones oscuras en las que había sido adquirida una importante pieza de su país: «me vi obligada a dimitir, porque aquella empresa cultural, gigantesca y costosa del presidente Chirac, se inscribía en esa voluntad de los occidentales de tener a África sin los africanos».

Aminata Traore
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