Un delicioso relato de recuerdos

 

 

Mariposas de papel
Mariposas de papel

Mariposas de papel, de Amparo Walls Hernández

Uno de los principios más valorados en las sociedades africanas es el respeto a las personas mayores, algo que también ocurría no hace mucho en nuestra sociedad, Amparo Walls Hernández aparece en la portada de su delicioso relato de recuerdos, “Mariposas de papel” (Ediciones Idea) vestida con un sombrero que ella misma se fabricó, un traje también de auto-confección con unas telas recuperadas de cualquier parte, y una piel de zorro colgada al hombro que por entonces, en aquel 1931, era signo de distinción; hoy en día, al ver la foto su nieta, le comenta a la abuela que vestida así parece mucho mayor de los diecisiete años que tenía en la foto, y es que los jóvenes de aquella época, comenta la abuela, cuando se vestían querían imitar en todo a las personas mayores. Mucho ha cambiado el mundo desde entonces, y en esta vorágine de culto a la juventud, al dinamismo, al consumismo, a los logros individuales, bien vale la pena detenerse y pasarse una mañana de domingo leyendo el relato de una señora de noventa y cuatro años, transportarnos al mundo de nuestras abuelas, y descubrir cómo era la vida de entonces, sencilla, también difícil, tierna, familiar y por encima de todo, feliz.

Amparo Walls Hernández no tiene ninguna pretensión literaria al escribir este libro de recuerdos, ¿para qué escribirlo? -le preguntó a sus hijos cuando la animaron-, pues para experimentar muchas sensaciones dormidas, darle movimiento al cerebro y voluntad al vivir -le respondieron-. Y haciéndole caso a sus hijos, dándole movimiento al cerebro, le ha salido un libro escrito con mucha corrección (sorprendente para una persona que no ha escrito nunca), cargado de anécdotas emotivas, combinando la ternura con el humor, y que se lee con una sonrisa en los labios y una lágrima aflorando en la comisura de los ojos (y no solo aflora, a veces también resbala y cae).

Los que hemos nacido mucho más tarde lógicamente no queremos volver atrás, pero sí podemos echar de menos algunos de los valores de entonces y que aparecen tan nítidos en “Mariposas de papel”: el respeto a tus semejantes por encima de todo, el valor indisoluble de la familia (de la familia extensa más allá de los padres y hermanos), la convivencia con los vecinos, los juegos y la manera sencilla y humana de divertirse…

Amparo Walls Hernández narra desde la felicidad, a pesar de que también convivió con experiencias horribles en aquellos años, pero ese tono de felicidad coincide mucho con el tono con el que narraba mi abuela María (ella no escribió un libro pero antes de morir dejó grabadas cuatro cintas de 60 con sus memorias), y este ejercicio de haber escrito o grabado sus recuerdos es un regalo único e inmejorable, una manera de mostrarnos que si estamos aquí es por algo, que nosotros empezamos mucho antes de nosotros mismos, y que si somos lo que somos es porque hay otras personas que son lo que son, o que fueron lo que fueron, y es esa herencia la que nos da sentido, y la que nos enseña a valorar su incuantificable legado.

Amparo Walls Hernández, desde aquí, un beso enorme.

Amparo Walls Hernández
Amparo Walls Hernández
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