Kafka, Bartleby el escribiente y Revolutionary Road

El proceso
El proceso

Quizás sea pretencioso por mi parte ponerme a escribir algo sobre «El Proceso», de Franz Kafka, tras haberlo leído por primera vez. La obra del autor checo necesitaría varías relecturas para llegar a comprenderla bien. Lo mismo me ocurrió en su día con «América», o con «Carta al padre», obras que, al igual que «El Proceso», no me apetecieron volver a leer (aunque  «Carta al padre» recuerdo que pensé que alguna vez la releería ―sin que eso haya ocurrido hasta el momento―). En cualquier caso Kafka es Kafka, y aunque ―al menos para mi― me resulte complicada y difícil su lectura, no puedo negar que no es interesante.

Una mañana dos hombres entran en la pensión donde se aloja Josef K. ―joven cargo medio de un banco― para anunciarle que está acusado, y que por tanto se abre un proceso judicial contra él. No le dicen la razón, de hecho Josef K. nunca llega a saberla, pero acaba asumiendo su proceso e intenta organizar su defensa sin saber qué argumentos tiene que utilizar para defenderse de no sabe qué. No le ayuda tampoco el tribunal que lo juzga, un caricaturesco sistema judicial que no responde a ninguna lógica, en donde parece que tiene más peso el pintor que colabora con el tribunal que jueces o abogados. En fin, el epicentro de lo kafkiano.

Hace tiempo hablando sobre la novela «El lobo estepario» con un amigo escritor me decía que le daba la impresión de que las novelas de Herman Hesse no habían envejecido bien, y quizás esa sensación de mal envejecimiento tuve durante una buena parte de la lectura de «El Proceso». Ya lo sé, la novela hay que entenderla en su momento, me encanta la portada del libro, ese cuadro proveniente del tiempo de las vanguardias, la época ―a mi parecer― más interesante de la pintura, en donde se estaba construyendo una nueva sociedad, los manifiestos futuristas, surrealista…, ¡ay!, esa pintura estaba viva, atada irremediablemente a la evolución de la sociedad de aquellos años, ¡qué envidia!

Bueno, pues igual que me encanta un cuadro, por ejemplo, de Kirchner, también debería apasionarme una historia como la de «El Proceso», sin embargo todo se complica, y ese entramado opresivo de lo kafkiano le da la sensación a uno de que está tan distante… Pero quizás no lo esté tanto, porque no es del incongruente sistema judicial de lo que habla Kafka, sino de la indefensión del hombre frente a un sistema que está por encima de él, que lo controla, que lo dirige, y ante el cual el individuo se siente indefenso, sin posibilidad de hacer nada. No es nuestra época ni nuestro sistema la época de las vanguardias, pero justamente hace unas semanas veía una interesante película, Revolutionary Road, ambientada en los años 50, un matrimonio vive el sueño americano con más pena que gloria, la mujer, April Wheeler, aburrida y cansada, le propone a su marido, Frank Wheeler, acabar con esa vida de mierda que ellos no han elegido, romper con todo, huir de la esclavitud de vivir en un barrio acomodado, con una casa lujosa, con coche, con televisión, con un trabajo tedioso, con vecinos y amigos vacíos para los cuales lo más importante es precisamente todo eso que no les permite ser los Wheeler mismos. Y todo esto no me parece que esté tan distante pese a que esté ambientado en los años 50…

Y ahora de repente enlazo con el libro que leí un par de días antes, en este caso Melville sitúa a «Bartleby el escribiente» en la segunda mitad del XIX, Bartleby, empleado de una oficina, se niega a realizar cualquier encargo que le encomienda su jefe, y ante cada orden siempre, con una asombrosa calma, responde aquello de: «preferiría no hacerlo» Más allá de la incomprensión que el lector puede sentir hacía Bartleby sobrevuela esa especie de resistencia ante algo que solo Bartleby imagina, pero del que uno puede llegar a sentir cierta envidia.

Una verdadera lástima que al final tanto Bartleby, como April Wheeler o Josef K., la acaben palmando.

Bartlbey el escribiente
Bartlbey el escribiente
Anuncios

6 comentarios

  1. Sfumato sfumato.de.marte@hotmail.com
    15/03/2010 02:33:00

    La obra de Sam Mendes ha ascendido a un nivel particularmente maquiavélico tras “Revolutionary road”. Si vale hacer la comparación, la peli me ha destrozado la cabeza tanto como The Hours hace tiempo ya. Pocos puntos de quiebre para la historia (que en sí ya está sometida por la atmósfera de esa sociedad en que les toca vivir), escenas de ruptura emocional (la calurosa escena de sexo en la cocina, por ejemplo) y finalmente la viscosa manera de confrontar evasión y ahogo a la vez (mientras la Winslet observa desde la ventana con la falda manchada de sangre y ante el preludio de su fatal descenso). Alberto habla de muerte como desencadenante de acciones. Mendes y Kafka refieren a la muerte como algo más que una fuga; con sólo observar al personaje en su tragedia observas una maquinaria de muerte que hay frente a él. Y vaya que en imágenes o en palabras, esto es para espantarse u observar con avidez

    Me gusta

  2. alberto
    01/05/2009 13:03:00

    Querido, como sabes, la muerte de un personaje en novela lo sitúa más allás de la “trascendencia” y en un punto de inflexión y ascención tanto para la historia misma como para la influencia en el resto de los personajes y en el “eco” mental que ha de resonar en la mente del lector. En los ejemplos que me has dado, la muerte es imprescindible o necesaria, aunque en cada caso por una razón concreta. La muerte de un personaje es un gran desencadenador de acciones y, como sabes, hay géneros que no existirían si ese “accidente” tan necesario como la Vida misma

    Me gusta

  3. Sfumato sfumato.de.marte@hotmail.com
    02/04/2009 02:13:00

    Hey, Pablo, hablando tanto de cine me apetece de veras esa peli que mencionas; siempre me gustó la Winslet (sobretodo en su debut en Creaturas celestiales). Apenas la vea te comentaré, que el símil con la obra kafkiana me ha hecho hacer reminiscencia y pensar en tanto y tantos tópicos. Y por lo de La clase, aquella francesa que mencionaste, pues me agradó, comprendí al toque el cliché de “docudrama” que le puso la crítica. Es recomendable, pero no para gente que desea ánimos en sus próximos años de docencia, los cuales me esperan, además, pero de modo incierto.

    Me gusta

  4. juan francisco santana
    09/03/2009 09:59:00

    Me parece muy valiente y arriegada y, en cierta medida, admirable la posición de Bartleby y la de los Wheeler, dispuestos a exponer sus deseos, a cambiar pese a la comodidad del bienestar o de un trabajo seguro. El ser humano se acomoda y le cuesta cambiar, poniendo en juego su propia felicidad, lo que realmente quiere hacer y no se atreve por los mensajes que, desde lo más hondo, le envía el temor y la inseguridad. En cuanto a El proceso, simplemente por reflexionar en cuanto a otra posibilidad, se podría también pensar que muchos humanos ante una acusación no saben responder porque en realidad tienen dudas, esconden secretos, ideas, planes, sociales y personales, que no salen a la luz y, en el fondo, temen que algo de ello ha sido descubierto y es por ello que sólo deciden esperar. Ante este tipo de tesituras, en muchas ocasiones, la salida es el irse al otro lado, el abandonarse al deseo de vivir. Un fortísimo abrazo.

    Me gusta

  5. Juan Losada
    12/03/2009 12:10:00

    A menudo Kafka es como una obra de arte (cuando es arte y no el traje nuevo del emperador) abstracta. No hay que utilizar la lógica y se le disfruta tal cual. El proceso es quizá un libro al qeu somos más sensibles los que hemos estudiado derecho por un montón de connotaciones jurídicas y de derecho natural. Quizá Kafka hable de la inseguridad jurídica, del proceso como abstracción formal de la justicia basado en el derecho positivo perdiendo el fondo fundamental del derecho protegido. Hoy existen principios jurídicos insoslayables como in dubio pro reo (que a veces se ignora), el derecho a una acusación concreta (no como en la novela), etc. Quizá quiso reflejar la indefensión del ciudadano ante el sistema (en concreto el judicial). A mí me gusta Kafka aunqeu a veces no lo entienda. Carta al Padre me encantó. Cartas a Felice también. América no tanto. La Metamorfosis és también alegórica. Y sus relatos breves (Bestiario) tiene de todo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s