Olvidar la historia, Luis León Barreto

Las espiritistas de Telde
Las espiritistas de Telde

Las espiritistas de Telde, de Luis León Barreto

Estos días andaba enfadado porque en los periódicos locales, aparecía, de manera destacada, la llegada en patera de un inmigrante africano albino: «Se lo querían comer», anunciaban los titulares, aludiendo a prácticas ancestrales en el África negra en las que se consideran los órganos de los negros albinos como poseedores de propiedades mágicas. Ya está ―pensé―, otra vez resaltando únicamente la barbaridad de África, a ver si a estos periodistas se les ocurre algún día dar una noticia positiva sobre el continente, que también las hay, y muchas, aunque quizás ellos no lo sepan…, esa misma tarde me encontré con un amigo que enseguida vino hacía mí, ¿viste la noticia del albino?, ¿tú ves ese tipo de cosas cuando viajas?

Pues no, la verdad es que no las veo, como quizás tampoco veamos aquí otras que también pasaban en las islas hasta no hace mucho. Acabo de terminar «Las espiritistas de Telde», novela emblemática de Luis León Barreto que nos acerca a la realidad de las Islas Canarias en los años 30. Ariadna Van der Walle muere asesinada en manos de su madre y su hermana en un ritual espiritista que pretendía sacrificar a Ariadna para salvar el alma de su hermano primogénito recién fallecido; el cadáver levantado presentaba más de doscientas heridas a lo largo de todo el cuerpo producidas por arrancamiento y desgarro de tiras de piel, certificó el informe del forense. Tenía su cuerpo tinto en sangre, laceraron sus vísceras en horrible exorcismo; crimen ordenado por un ser de ultratumba, informaron los diarios locales.

León Barreto nos adentra con maestría en la sociedad de una isla formada por el mestizaje, salón de paso entre varios mundos, por los españoles expresidiarios que salieron de la península en el siglo XV, por las mujeres aborígenes que se mezclaron, por los esclavos que se quedaron, por los isleños cubanos que retornaron, por los aventureros de Flandes, Normandía, Escocia, Malta, Irlanda, Génova, Nápoles o Portugal, aquellos que se llamaban Van Damme, Artils, Mc Kean o Proudhomme y que acabaron siendo Bandama, Artiles, Machín o Perdomo. Un periodista de la capital se desplaza a Gran Canaria a realizar un reportaje, ya sabes –le dice su jefe-, que al igual que en Galicia, allí hay una cultura popular en torno al curandismo, una cultura que el periodista encontró lenta, la pachorra de nubes en forma de panza de burro, la calma en el gesto de los conductores, la lasitud de los camareros, el ritmo sosegado de un pueblo que parece indiferente a la proliferación de pintadas en las carreteras, eso de «godos fuera» firmado por el MPIAC.

Una sociedad pobre, pobrísima, con apenas recursos, que soportaba plagas de cigarrón y el hambre; una sociedad inculta, incultísima, el caldo de cultivo perfecto para que se infestase de centros en los que se rendía culto al espiritismo, a la nigromancia, a la cartomancia, y que fue adquiriendo dimensiones peligrosas a raíz de las proclamas de la prensa, que tanto incide en la desgracia de los pueblos que carecen de instrucción, que carece de recursos, que apenas vivía de la agricultura, y cuando esta fallaba o no era suficiente, no quedaba otro remedio que la emigración.

Y los isleños emigraron, y fueron apreciados en las Indias por su honradez, le entregaban guatacas y machetes para cortar caña desde las seis de la mañana a las seis de la tarde, anunciando látigo y grillete para quienes no cumplieran hasta el último día de contrata, que podía durar ocho años, el coste de pagar el billete en un barco que por entonces no se llamaban pateras.

Qué feo eso de que los pueblos olviden su historia.

10 preguntas a Luis León Barreto

Luis, en primer lugar felicidades por tu interesantísima obra, supongo que todavía se te puede felicitar aunque hayan pasado 28 años. ¿Con qué distancia se enfrente el escritor a preguntas sobre una obra realizadas por alguien que la ha leído 28 años después de ser escrita?

Gracias por los elogios. La distancia con la que se enfrenta el escritor a preguntas hechas 28 años después entraña una gran alegría: compruebo que la obra sigue encandilando. Hay gente que tardó mucho en leerla -Jerónimo Saavedra, Antonio Glez Viéitez, etc- y que también tuvo buenas vibraciones.

Me ha gustado especialmente su componente histórica, el reflejo de la sociedad de la época. Me llama la atención una reflexión que aparece casi al final, un juez que piensa que a mala hora le tocó esa plaza y no la de Cuenca, donde le parecía difícil, que en pueblos castellanos, pudiera darse las extravagancias que conoció en las islas ¿Era Canarias criolla o era española?

El componente histórico ha sido importante, qué duda cabe. Canarias era más criolla que española, miraba hacia América por la enorme emigración que aliviaba la pobreza, y apenas era española, porque históricamente fueron los ingleses los que nos pusieron en el mapa -plátano, tomate, alcantarillado, puertos, energía eléctrica, consignatarias, clubs de golf, etc. etc- en tiempos en que Madrid apenas sabía que existíamos. Hasta la guerra civil es válido lo que digo.

También me ha llamado la atención la riqueza del lenguaje, muchas palabras localistas que desconocía su significado, ¿supongo que son fruto de una ardua documentación?

El lenguaje fue muy trabajado, ciertamente. Me deslumbraba Alejo Carpentier, así como las expresiones canarias vinculadas a la cultura popular, a la cultura rural.

¿El asesinato de Ariadna fue un hecho aislado, o aislado en una localidad, o efectivamente tanto espiritismo era práctica común en todas las islas en los años 30?

El asesinato de Ariadna fue un hecho aislado, si, pero en Gran Canaria en 1930 había 4 centros “de investigaciones teosóficas”, autorizados por la dictadura de Primo de Rivera. Una isla retrógrada, agrícola con agricultura de subsistencia, con sequías, hambres, epidemias, caciquismo (el Conde de la Vega Grande tuvo más de media isla al comprar terrenos de la Iglesia tras la desamortización de Mendizábal), el influjo de la religión católica digamos castradora, etc. En Telde en el año 30 había más de un 70% de analfabetismo, había muy pocas escuelas, apenas había luz eléctrica, era un pueblo pobre y atrasado similar a Sicilia. Los centros de investigaciones teosóficas eran centros espiritistas a los que acudía la buena sociedad de la época, no los analfabetos ni los agricultores sino los notarios, abogados, terratenientes de Vegueta, magistrados,  médicos. La buena sociedad de la época que se entretenía en tales diversiones. Lo qué está claro es que hay una inclinación al pensamiento mágico, que estas cosas de la hechicería popular han tenido mucho arraigo: adivinas, mal de ojo, curanderas, recetas  de hierbas, etc.

En un momento de la novela se dice: «una sociedad que saltó de golpe del neolítico al renacimiento» y supongo que también, más adelante, de la extrema pobreza a la modernidad (me imagino hablarás de este salto en las otras dos novelas de la trilogía y que todavía no he leído). Personalmente, y a pesar de que se ha avanzado mucho en este sentido, me parece que la baja formación es uno de los grandes hándicaps que tiene Canarias. ¿Qué opinas?

Ciertamente, hemos avanzado pero en muchos parámetros estamos por debajo de la media europea. La educación sigue siendo asignatura pendiente, en un momento en que estamos a la cabeza de España en porcentaje de divorcios -disolución familiar,  proliferación de pandillas “poligoneras” en barrios suburbiales de Las Palmas,  aculturación, etc.

Alguna vez te he escuchado decir que tu obra ha sido más estudiada en Rumania que en Canarias ¿Por qué crees que despertó el interés en ese país? Enlazando sobre este mismo tema, curiosamente la última novela de Víctor Álamo de la Rosa, también centrada en la realidad canaria, fue publicada en Francia antes que en España, previamente, otra de sus obras, «El año de la seca», también tuvo éxito en ese país. ¿Qué crees que  ha llamado la atención en Rumania o en Francia de estas novelas canarias?

En Rumanía me tradujeron bien y me publicaron en 15.000 ejemplares, Editorial Nemira de Bucarest. Creo que en ambos casos llaman la atención la descripción de la realidad canaria, tan potente y desconocida fuera. También a Víctor Ramírez le elogió Luis Sepúlveda su novela “Nos dejaron el muerto”, y asimismo se la eligió Álvaro Mutis. Tenemos un ramalazo latinoamericano evidente.

Dices en tu nota introductoria sobre la revisión de la sexta edición que incluiste el árbol genealógico de los Van der Walle, lo cual agradezco, porque a mí me ha sido muy útil para su mejor comprensión. En cualquier caso, ¿Es inevitable que cuando se escribe sobre sagas familiares a uno le pregunten sobre la influencia de García Márquez? Por otro lado,  el excelente capítulo sobre cómo Juan Camacho se introduce en Cuba en las prácticas del vudú heredado de África, me ha recordado la lectura de «El reino de este mundo» de Alejo Carpentier. ¿Han influido ambos autores en «Las espiritistas…»?

García Márquez está detrás, claro, pero también Faulkner, creador de ese mundo rural opresivo. Me siento faulkneriano, me siento cerca de la gran novela USA, admiro la cultura norteamericana, la contradicción norteamericana. Y, claro, también admiro a muchísimos más: alguna cosa de Delibes, alguna cosa de Cela, la sutileza de Borges, el desgarro de Sábato y Onetti, la fuerza de Carlos Fuentes o el Mario Vargas Llosa de hace años, Hemingway, Scott Fitzgerald, Samuel Beckett. Pero claro que sí, que García
Márquez y Carpentier me influyeron muchísimo, han sido dos cumbres de la novela en lengua española

Es curioso, ese vudú salió de África, llegó a América, y luego vino a Canarias, ¿eligió el camino más largo para llegar a las islas?

Justamente fue así: pero también hay que añadir que según los investigadores en Gran Canaria pudo haber unos 5.000 peones africanos en el siglo XVI: de un lado moriscos traídos del cercano Sahara, sur de Marruecos, Mauritania seguramente, y de otro lado negros traídos para los ingenios de azúcar, esclavos del Golfo de Guinea, de Senegal hacia abajo, y esa gente se fusionó aquí, esparcieron sus genes que todavía persisten y son visibles en ciertas zonas como Telde, Tazacorte, Agaete. Esos negros del XVI también trajeron sus prácticas animistas, que de alguna forma se quedaron soterradas. En La Aldea de San Nicolás se dio el baile del “pámpano roto” casi hasta la guerra civil, era un baile africano típico, de mucha excitación sexual, perseguido por la iglesia. Bien: persistieron ciertos elementos afros, pero en realidad cuando volvieron en serio fue por los emigrantes que volvían de Cuba trayendo el espiritismo mezclado con la santería, el vudú, el candomblé. Gente como el que yo llamo Juan Camacho, en la novela lo llamo así, fueron fundamentales.

¿Piensas que los canarios hemos olvidado nuestra historia?

Claro que sí, apenas nos la enseñaron y tal vez nos la hicieron olvidar. Cuando llegué a La Laguna para estudiar Derecho me deslumbró el hecho de que hubiera seminarios sobre Historia de Canarias que daban una información fascinante sobre Viera y Clavijo, los primeros cronistas como Abreu Galindo, etc. No sabíamos casi nada de los guanches, de Tanausú, de tantas cosas.

Además de las Espiritistas, ¿cuáles serían para ti las tres o cuatro novelas emblemáticas de la literatura canaria del siglo XX?

Mararía, naturalmente; Fetasa, de Isaac de Vega, a pesar de lo simbólica, kafkiana y aparentemente oscura; Guad y Tristeza sobre un caballo blanco, ambas de Alfonso García Ramos.

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2 comentarios

  1. juan francisco santana
    19/04/2009 17:19:00

    Mi queridísimo amigo. Un artículo y un reconocimiento muy merecido, te felicito por traer de nuevo a mi mente, aunque siempre está ahí, aquel libro que leí hace tantos años. Luis marcó toda una época cuando salió a la luz “Las espiritistas del Telde”. Recuerdo que me inspiró para trabajar temas de tradiciones, brujerías y hechizos en Firgas, junto a mis alumnas y alumnos. Hicimos entrevistas a curanderas, parteras y personas que tenían la fama de brujas. Fue muy interesante y ello se debió, en gran medida, a aquella lectura. No conocía personalmente en aquel entonces a Luis León Barreto pero el escribir en este blog me posibilitó la satisfacción de conocerle. Lo cierto es que estamos hablando de una de las obras más significativas, si no la más y la más leída de las letras canarias del siglo XX. Muy completa porque aborda cuestiones muy diversas, como bien dices, fundamentalmente de un estudio muy acertado de la mentalidad de los canarios del momento en que se desarrolla la novela, aportando datos antropológicos muy diversos e interesantes. Mi felicitación por las elaboradas preguntas que le planteas a Luis. Un fortísimo abrazo a ambos y la historia, como bien planteas, no puede ser olvidada y sí siempre trabajada y puesta al día porque sólo así se logra la identidad.

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  2. david
    19/04/2009 00:01:00

    CARAMBA PABLO¡ HAS HECHO QUE ME EMOCIONE Y QUE ME DEN UNAS GANAS TREMENDAS DE LEERMELA. LA ENTREVISTA A LUIS LEON BARRETO NO TIENE DESPERDICIO, ME HA GUSTADO MUCHO. ES UNA PENA QUE NO TENGAMOS CONCIENCIA DE LO QUE SOMOS HOY EN DIA, EL PUEBLO QUE FUIMOS, DE DONDE HAN VENIDO TANTAS COSTUMBRES Y COMPORTAMIENTOS DE LOS CANARIOS. CREO QUE TODOS DEBERIAMOS LEER ESTA NOVELA QUE PARECE TAN APASIONANTE, YA TENGO GANAS DE LEERLA. PABLO GRACIAS POR CONTAGIAR ESA PASION.

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