Mario Benedetti

Mario Benedetti
Mario Benedetti

Recupero, con motivo de la muerte de Mario Benedetti, este artículo que escribí en 2006 tras la lectura de “Gracias por el fuego”.

Benedetti: uno de los insustituibles

Mario Benedetti siempre ha sido uno de mis autores favoritos, especialmente por sus cuentos, cuando a veces me preguntan qué libro tengo en la mesa de noche siempre respondo que los cuentos completos de Benedetti: no suelo leer en la cama porque siempre me duermo rápido, pero para aquellas veces que ando más despierto y me apetece leer algo antes de dormirme, nada mejor que uno de esos cuentos de Benedetti, uno de esos que hablan de grandes verdades y muestran certeros sentimientos.

Aunque Benedetti también es ampliamente conocido por su poesía, debo reconocer que ésta es una de mis asignaturas pendientes, no obstante voy a copiar aquí Táctica y Estrategia, no creo que cualquier cosa que diga sobre ella vaya a superar el placer que otorga el hecho de leerla, así que adelante:

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
.
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
.
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
.
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
.
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

(… puntos suspensivos, respiramos, y continuamos leyendo este blog) y entre sus novelas he leído, dos magistrales como son “Primavera con esquina rota” y “La tregua”, y otra interesante como esta que acabo de terminar “Gracias por el Fuego”.

Gracias por el fuego se plantea como una sucesión de pensamientos del protagonista y de los otros personajes sin que exista ningún tipo de descripción narrativa. La novela nos cuenta el desencanto de Ramón Budiño (ni siquiera de Ramón Budiño, sino del hijo de Edmundo Budiño) por la situación política y social del Uruguay de finales de los 50 y que redunda en el desencanto con su propia persona. Ramón odia a su padre por haberse erigido éste como la gran mentira del Uruguay: una de las personas más influyentes del país, propietario de uno de los periódicos principales, y prócer uruguayo por excelencia que sin embargo esconde para el pueblo uruguayo, pero no para su hijo, un amplio historial de desapego, de insensibilidad e indolencia, de corrupción, de prácticas mafiosas, y en definitiva, de carencia de todo tipo de moralidad que Ramón Budiño identifica como reflejo del país en el que vive; así que no hay otra solución, si Ramón Budiño pretende cohabitar bajo los principios de una moralidad que intenta defender a capa y espada, debe matar a su padre, y por tanto, eliminar de su vida todo lo que él representa.

Y quizás sea ésta la parte más interesante de la novela, la lucha de Ramón Budiño por mantenerse dentro de la moralidad: ¿Quién no tiene culpa? –se pregunta porque los remordimientos no le impiden superar su complejo por haber aceptado el sucio dinero paterno para poder montar la agencia de viajes que le da de comer-, ¿Quién puede vivir, en este país, en este mundo, en este tiempo, de acuerdo a sus principios, a sus normas, a su moral, cuando en realidad son otros quienes dictan los principios, la moral y las normas? (…) Nadie es químicamente puro, el marxista trabaja en un banco, el católico fornica sin pensar en la sagrada reproducción de la especie, el vegetariano convicto come resignadamente su churrasco, el anarquista recibe un sueldo del Estado. ¿Quién puede vivir las veinticuatro horas del día, en un todo de acuerdo a su Dios, su conciencia, su fanatismo o su credo? Nobody, Descartada entonces la pureza.

¿Pero será capaz Ramón Budiño de cerrar la agencia de viajes, devolverle el sucio dinero a su padre y empezar de nuevo desde cero?, no lo sabe, no sabe si es el miedo a la miseria, o a la inseguridad, o al desprecio de los otros. Tal vez sea el simple miedo a la incomodidad, a la falta de confort. Porque cuando pienso en mi vida gris, tediosa y rutinaria, no se me escapa que la rutina incluye una serie de cosas insignificantes pero agradables, (…), mi auto, mi estudio en Punta Gorda con buena biblioteca y vistas al mar, mis camisas impecables, mis trajes bien planchados, los cuadros del estudio y del living, Spósito, Lima Gamarra, los dos whiskicitos antes de la cena,  (…). Me gusta estar rodeado de cosas lindas, ¿es tan grande el delito? (…) Cuando se habla de justicia social, se piensa, primero, como es lógico, en la erradicación del hambre, en viviendas honorables y limpias, en eliminar el analfabetismo. Pero, después de estos tres objetivos urgentes, habría que agregar el derecho del ser humano a crearse un alrededor de acuerdo con su propio gusto.

Y en medio de todo este marasmo de razonamientos de Budiño, los otros hechos que le afectan en su vida privada, la distancia con su hijo de diecisiete años, la indiferencia con su hermano, la atracción hacía su cuñada Dolores, y la monótona relación con su mujer, ¿qué pasa entonces entre ella y yo? Pasión ya no, quizás amor laxo; necesidad ya no, quizás costumbre. ¿Qué palabra puede resumir todo esto? ¿Cariño? ¿Estima? ¿Aprecio? ¿Simpatía? ¿Indiferencia? ¿Fastidio? ¿Aburrimiento? ¿Rabia?, vamos a no investigar demasiado (…).

Probablemente sea todo esto lo que comentaba anteriormente de Benedetti: grandes verdades que muestran certeros sentimientos. Y sobre todo siempre actuales ya que estoy seguro de que muchos de nosotros compartimos todo lo que le está ocurriendo a Ramón Budiño pese a que “Gracias por el fuego” haya sido escrita en 1965. Cuando esto me ocurre, y me ocurre muy amenudo, me acuerdo de aquella canción cuyo estribillo repito tantas veces, una que aparece en un concierto de Victor Manuel con Pablo Milanés y que dice: no hemos inventado nada / nos amamos con palabras/ que otros se dijeron ya / no hemos inventado nada / ni el deseo, ni los celos / ni lo que hay que adivinar. Y al parecer, leyendo esta novela de 1965, no sólo no hemos inventado nada en el amor, tampoco en todo lo demás…

Mario Benedetti ha muerto, pero no se ha marchado, sus libros siempre estarán en mi mesa de noche….

Posdata: película muy recomendable: El lado oscuro del corazón

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