Dos que se miran

Dos que se miran
Dos que se miran

A propósito de la obra del pintor tinerfeño Alfonso Delgado y su próxima exposición, junto con Alejandro Padrón, “Dos que se miran” en la Casa del Vino, El Sauzal, del 19 de junio al 14 de julio de 2009.

No me gusta el ruido. Te relacionas con tantas personas que son sólo ruido. El ruido es una taladradora a las ocho de la mañana, no quiero relacionarme con ellas. En el salón de mi casa tengo un cuadro, muchas tardes de fin de semana me siento frente a él y observo el horizonte, el horizonte es una franja de tierra y después el inmenso mar, el mar nunca es sólo azul, el mar es un esquerzo, una lingua rosa in boca amarela, el mar de Arabia es verde y azafrán, el ancho mar de los Sargazos del color que tú quieras…

¿Y por qué este mar siempre está tan calmo?, ¿por qué es una ligera morna ondulante?, ¿por qué tan repleto de morabeza? Un piano suena de fondo y Lúa, con sus zapatillas de ballet, baila en la habitación de al lado. Abro la ventana, una ola acaricia la orilla, la misma ola que se recoge a este lado del mar y cruza suavemente el ancho mar hacía el otro lado para acariciar la otra orilla. Nada está lejos, ni siquiera el mar de los Sargazos, nada está lejos, realmente nada.

¿Cuánto tiempo se tarda en conseguir el equilibrio? El equilibrio no es el equilibrista que aparentemente seguro camina por un cable suspendido en cualquier parte; tenga o no tenga red siempre hay riesgo en el equilibrista. No es el caso. El equilibrio no está en los pasillos, ni en las inauguraciones, ni en los escenarios. El equilibrio está tras la puerta de su casa, en las habitaciones diáfanas, el equilibrio está en la arena pigmentada, en la sabia mano que la extiende suavemente sobre el lienzo, la sabia mano que se funde pacíficamente con el lienzo hasta desaparecer.

¿Qué buscar cuando ya lo tienes todo encontrado? Tan sólo quedan los detalles, escuchar la frescura de una nueva flor, una espontaneidad que es armonía, los colores brillantes de un atardecer naranja, bronce, también glauco. Suena una bosanova, esquecer significa olvidar, y a veces es tan importante el olvido…

El ruido es una taladradora a las ocho de la mañana. Hay tanto ruido. Yo sólo deseo llegar a mi casa, sentarme en el salón, contemplar el horizonte, observar el color de ese mar, caminar hacia ese mar tan calmo que también podría ser un lago, introducirme en él percibiendo el tacto aterciopelado de la arena mojada sobre mis pies desnudos, dejarme llevar, dar unas brazadas y sentirme como ellos tres, el centro de esas ondas que se forman según avanzo, esas ondas dulces y expansivas.

Puedes acceder a una visión más ordenada de los cuadros en: dos que se miran

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