¿Quién no se siente identificado? JC Méndez Guédez

Hasta luego, míster Salinger
Hasta luego, míster Salinger
Hasta luego, Mr. Salinger, de Juan Carlos Méndez Guédez

Una mujer le es infiel a su marido la misma noche de bodas, seguro que ha pasado algunas veces, también al contrario, pero, ¿se puede sobrevivir al hecho de haber sido infiel precisamente ese mismo día? En otro de los relatos Eugenio se casó con Carlinda cuando realmente quería a Beatrice, pero si lo hubiese hecho con Beatrice, hoy Beatrice sería Carlinda ―la aburridísima monotonía con Carlinda―, y entonces Carlinda sería la deseada Beatrice. Tengo una amiga que me cuenta que el día de su boda un pretendiente fue a observarla a la salida de la iglesia, cuando todos los invitados la esperaban fuera y ella salía del brazo del que ya era su marido, la mirada de ella y la del pretendiente ―que observaba la escena desde la distancia― se cruzaron; y en esa mirada había algo de incertidumbre, quizás de reproche; ella volvió la vista hacia su marido que sonreía con la mejor sonrisa de su vida, ¡viva los novios!, y él sintió el arroz caer sobre su cuerpo como una lluvia de confeti, ella en cambio, como una lluvia de granizo, uno se le coló por el escote y su marido, al percibir el escalofrío, le sujetó tiernamente la cara y la besó.

El otro día en un programa de la tele escuché a un chico de quince años decir que necesitaba un cambio en su vida. Me sorprendió enormemente, ¿qué monotonía puede conocer un chico de quince años? Me remonté a mis quince, no había nada que cambiar cuando todo estaba por descubrir… Un chico toca la puerta de su amigo del colegio y queda suspendido en el aire, queda enmudecido, al ver a esa madre salvajemente hermosa, esa madre aparentemente tan cordial, su olor cremoso y acaramelado, caminando descalza con los pies que hubiese deseado cualquier pintor italiano para sus madonnas. Pasan los días y el chico no puede dejar de pensar en esa madre salvajemente bella, tremendamente triste, absolutamente inalcanzable, ¿podemos alcanzar la belleza? ¿Y el muchacho universitario?, ¿qué busca en la mujer que le dobla la edad?, en la mujer perdida que un día se fue de su casa y que no se ha atrevido a regresar, ¿qué busca en esa mujer el muchacho de veinte años?, ¿por qué quedan para hablar por las tardes en los asientos de un Fiat amarillo mientras escuchan un concierto de Kachaturian?

Un muchacho finalmente ha decidido abandonar sus clases de piano, pero el piano está ahí, en el salón de su casa, ese enemigo silencioso, como también está ahí Isabel, la señora de la casa donde se queda por las tardes porque su madre no puede ocuparse de él. Isabel le atrae, las piernas más bellas y lisas que había visto nunca, pero también le hace daño, como ese símil tan escuchado: el insecto que irremediablemente se acerca a la bombilla encendida, ¿por qué? Pasan los años, cada cual por su camino, una tarde está sentado en un bar tomando café, hay un piano junto a la pared del fondo, tiene la tapa del teclado abierta, la chica que está sentada dos mesas más allá es la hija de Isabel, remueve el café con la cucharilla mientras piensa si ir a saludarla o no.

Llegó el verano, la jovencita con la que iba al parque por las tardes se fue de viaje y al regresar ya no se acuerda. Él no se fue, para él ir a la última parada del autobús es ir al fin del mundo, por eso no entiende nada; como tampoco entiende nada el otro joven al que Mara  ya no mira, al que Mara ya no nombra, del que Mara ya no habla, ese joven que ahora tiene que construir otra nueva ciudad en la que Mara ya no sea posible.

Todo eso y más es mister Salinger, que levante la mano a quién no le ronden estas historias, o no se siente identificado.

7 preguntas a Juan Carlos Méndez Guédez

Juan Carlos, ¿todavía existen hombres y mujeres que se casan sin amor?

Por supuesto. Los culebrones venezolanos han revelado esta verdad oculta al mundo.  El 86 por ciento de los matrimonios se produce por temas de hacienda, habitabilidad, visados, pérdida de fe en el terapeuta, y según un personaje de Vargas Llosa, por trastornos estomacales.

Hay una magnífica canción de Jorge Drexler que habla sobre la tristeza, el protagonista de la canción un día, tomando un café, se de cuenta de que de repente, sin esperarlo, sin provocarlo, así de repente, la tristeza, se fue. ¿Se va la tristeza?

Está allí siempre. Asoma la cabeza, se esconde, se repliega, reaparece. La tristeza y la alegría son como un animal de dos espaldas que siempre nos acompaña. Lo mejor es saber que ese animal está allí, y darle de comer a sus horas, y convertirlo en un motor que propicie la escritura.

En cualquier caso no creo que la tristeza sea el tema principal de tus personajes, sino más bien el desasosiego por la búsqueda ¿qué buscan tus personajes?, ¿es cierta la impresión que tengo de que todos están buscando algo que no saben qué es?

Buscan algo tan sencillo como dormir una siesta sintiendo muy cerca la respiración de quienes aman. Pero pienso que son personajes un poco enfermos en su apasionamiento constante. Desconocen los matices, la serenidad. Asumen todo como una huracanada euforia. En un magnífico cuento de Hemingway: Las nieves del Kilimanjaro, se realiza una acotación que quizás podría servir para definir a  mis personajes: “Había amado demasiado y exigido demasiado, y lo había consumido todo”.

Si bien no lo puedo generalizar en todo el libro sí tengo la impresión de que la mayoría de los personajes que buscan son jóvenes, sea adolescentes, universitarios, o casados recientes y que los personajes más mayores ya no buscan nada, sino que más bien huyen… ¿buscar para después huir? Me parece que en muchos casos puede ser una paradoja bastante actual de nuestra sociedad. ¿Qué opinas?

No sé si es una paradoja de nuestra sociedad. Pero me gusta tu acotación. Quizás después de buscar incesantemente, las personas alcanzan algún tipo de certeza que les indica que lo mejor es huir. La juventud es la exploración para alcanzar la lucidez, luego comprendemos que la lucidez puede ser muy dolorosa. Entonces escapamos y decidimos envejecer. .

¿Es el suicidio una alternativa?

Literalmente el suicidio, los triángulos amorosos y los dolores de muela son una espléndida materia para la imaginación.

En uno de los cuentos, tengo la impresión de que el protagonista narra con absoluta frialdad cómo despluman su tienda tras una revueltas descontroladas en la ciudad, como si ese personaje estuviese acostumbrado al caos. ¿Tiene algo que ver eso con Venezuela y con el hecho de que tú seas venezolano? ¿Crees que algunos de tus personajes serían los mismos si fuesen venezolanos o si fuesen españoles? ¿Hay algo de la situación que vive Venezuela en este libro?

La violencia social marcó mi adolescencia y mi juventud. Eso está siempre en mis libros porque soy de una generación a la que le tocó vivir cómo eran expulsados los ciudadanos de las calles para ser sustituidos por la turba y la milicia. Esa es la lógica de la vida venezolana actual: no existe el diálogo, ni el acuerdo democrático; existe la imposición cotidiana del más fuerte, que siempre es la turba y  la fuerza armada que la ampara. Ambas unidas por una idéntica voluntad: el saqueo de la riqueza del otro. Así que es muy probable que algo de esa Venezuela se encuentre en mi libro. Aunque yo sinceramente creo que en Hasta luego, Míster Salinger encontrarás sobre todo pasiones humanas, deseos insatisfechos, algo que probablemente también le esté ocurriendo ahora mismo a un esquimal.

¿Recomendarías tres libros de relatos?

Claro. Pero tendrás que ser más de tres. últimamente no dejo de tropezarme con excelentes libros de cuentos:  Ajuar Funerario de Fernando Iwasaki; Historia sin cariño de Remedios quiero besarte de Nicolás Melini; El último minuto de Andrés Neuman; La prisionera de Carlos Franz; y Jardines de Salomón de Liliana Lara.

Juan Carlos Méndez Guédez
Juan Carlos Méndez Guédez
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4 comentarios

  1. montse
    19/07/2009 21:47:00

    Hay una estancia en la que no nos está permitido entrar. Un misterio del porqué las personas se unen o se separan. Un umbral donde el conocimiento del otro nos está vetado, donde el lenguaje se convierte en frontera infranqueable. Hay libros que pueden ser un viaje al otro, sin que por ello, se pueda avanzar en su orilla incierta. Enhorabuena al autor y al entrevistador.

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  2. rosario
    30/06/2009 13:54:00

    Yo también te recomiendo un libro de Juan Carlos Méndez “Una noche con campanas”. Un precioso texto de un niño sudamericano que viaja a España con su familia.

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  3. una más
    29/06/2009 00:25:00

    Me encanta a mi tambien, tus articulos y el soporte que les dás con esas entrevistas que nos hacen conocer más sobre el libro y el modo de pensar de su autor. De igual manera no levanto la mano. Gracias Pablo

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  4. juan francisco santana domingu
    27/06/2009 22:19:00

    No puedo levantar la mano y me rindo a la evidencia y también decirte, mi queridísimo amigo, que la entrevista a Juan Carlos Méndez Guédez es toda una invitación a conocerle. Te felicito por esta forma de presentarnos algunos de los libros que, tan acertadamente, siempre nos presentas. Un fortísimo abrazo y felicidades.

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