Adolescencia en 1970

Adolescencia
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Laura Freixas: vivir en el enfrentamiento

Para los que han nacido en el seno de una familia homogénea, para los que han vivido lejos de las fronteras y por tanto geográficamente alejados de otras influencias culturales, para los que han nacido hombres, para aquellos que apenas eran unos críos cuando llegó la democracia, para los que han vivido el sexo sin demasiadas cortapisas desde sus primeras manifestaciones, para aquellos que han pertenecido a una familia que no se ha planteado grandes dicotomías políticas, para toda esa gente, entre las cuales, más o menos, me puedo incluir, esta biografía de Laura Freixas, «Adolescencia en Barcelona hacia 1970» puede convertirse en una revelación.

Y eso es lo que me ha parecido esta biografía: reveladora, sobre todo por el cúmulo de circunstancias que han obligado a la autora a vivir en un constante enfrentamiento. Hija de dos familias muy distintas, una perteneciente a la burguesía catalana y otra al proletariado castellano, dos lenguas casi enfrentadas, dos mundos casi enfrentados que hacían sentirse a la protagonista como un híbrido, como un ser contra natura, como un bicho raro. Ella quería ser distinta, ni burguesa catalana ni proletaria castellana: quería ser francesa (la literatura de las autoras francesas que tanto admiraba), pero cuando iba a Francia se topaba con la realidad en las narices, de francesa nada, con ese acento, para los franceses de aquella época Europa terminaba en los Pirineos y por tanto ella era española y requeteespañola, en fin, una paleta.

Y además, era mujer: ellos hablaban de música, de economía, de política, ellas de criadas y papillas. Ellas, señoritas de buena familia tenían que conservar su virginidad intacta, ellos se iban de picos pardos siempre que les daba la gana. Ellas tenían que creer en los claros de luna, ellos andaban contrayendo la sífilis por la calle de Tapias. ¡Qué cómodo era ser hombre y también qué cómodo no ponerse en el lugar de las mujeres! «Mucho nos tenían que gustar los hombres para que ante semejante panorama no nos hiciéramos monjas, lesbianas o el harakiri». Y encima llegaron las suecas, exóticas, tentadoras, rubias naturales cuando a las españolas les asomaba la raíz negra del pelo bajo el amarrillo estropajoso, «por si no bastaran en materia de competencia desleal las «frescas» nacionales ahora llegaban esas irresistibles «frescas de importación».

¿Y por donde salió tanto enfrentamiento?, por el estudio, la protagonista se vengó estudiando: «superar intelectualmente a los chicos me producía un placer triunfante y vengativo, era malsano, pero exquisito». Pero ello conlleva un riesgo: aquella chica empollona y con gafas, mal vestida a conciencia, solitaria y algo antipática no terminaba de congeniar con sus compañeras de colegio que la llamaban «el sabio despistado».

Y además estaba Franco (y una familia que prefirió mimetizarse con la situación), y el activismo político ¡abajo el fascismo, no más crímenes, disolución de los cuerpos represivos! -gritaba con el puño alzado en las manifestaciones que se convocaban en la Rambla de Canaletas-. Y a los pocos años de que llegara la democracia conoció la estafa, la pérdida total de interés por cualquier causa colectiva: sus amigos revolucionarios acabaron casándose por la iglesia, presentándose a oposiciones para administrativos o ocupando cargos públicos, ¡puaj!

Laura Freixas narra con habilidad, explica con detalle y analiza con juicio la época que le tocó vivir, todo ese cúmulo de circunstancias que la llevaron a convertirse en una inconformista, a no entender el mundo que le rodeaba y como resultado: apasionarse y  refugiarse en la literatura, con esos personajes que la aceptaban sin pestañear, que no se burlaban de ella ni la juzgaban. Y por eso se hizo escritora, el enfrentamiento de las placas tectónicas generan las montañas que en esta obra tiene forma de interesante biografía.

5 Preguntas a Laura Freixas

1. Laura, en primer lugar felicidades, tu obra me ha parecido muy interesante (la he leído de un tirón), muy sincera y muy valiente ¿Cómo se siente uno al publicar con ese nivel de detalle su biografía?, ¿te sientes desnuda ante tus lectores? ¿Fue difícil tomar la decisión de publicarla?

No, no fue difícil, porque creo que he sido bastante respetuosa con las personas vivas de mi familia. Con alguno de los muertos no tanto, en particular mi abuela paterna y mi abuelo materno no salen muy bien parados, pero creo que soy objetiva en lo que digo de ellos y mis padres así lo han reconocido. Es más difícil publicar una novela, en la que una escribe con mayor libertad, mezclando realidad y ficción, y en la que algunas personas creen poder reconocerse y se lo pueden tomar bastante mal…

2. ¿Es cierta la impresión que tengo de que viviste tu infancia y juventud bajo un enfrentamiento constante? Enfado contra tu familia castellana por representar a la España paleta, enfado contra la burguesía catalana por su pijerio, enfado por el hecho de no poder ser francesa, enfado contra los hombres, contra la educación de las mujeres y su sexualidad, contra las suecas, contra Franco, contra el mimetismo de tu familia ante la situación política…

¡Vaya! No lo había visto así. Yo no tengo exactamente la impresión de enfado –aunque quizá soy yo la que no se da cuenta, todos tenemos un ángulo ciego-, sino de que mi posición marginal me permitía tener siempre despierto el espíritu crítico: todo lo veía desde fuera. Matizando un poco más, te diría que sí que hubo enfado, pero en distintos grados. El pijerío, y sobre todo, las prerrogativas masculinas (de Franco no hablemos…) me irritaban mucho en efecto, de hecho me siguen irritando, en cambio mi familia castellana no me producía irritación sino una especie de lástima tierna, porque habían perdido la batalla. Por lo demás, tener espíritu crítico y ejercerlo cuando una ha nacido en, y es arropada por, una cierta élite (como Emilia Pardo Bazán, lo digo porque estoy leyendo ahora su apasionante biografía escrita por Eva Acosta) no tiene mucho mérito.

3. ¿Y la lucha feminista en qué ha quedado?, te propongo una cuestión difícil (lo siento, pero es que no puedo olvidarme de que estudié Económicas) si pudiéramos evaluar de cero a diez, cero la desigualdad total entre hombres y mujeres, y diez la igualdad total, ¿en qué número estaríamos en la España de hoy en día?

Digamos en un 6.

4. Hablas de la llegada de la democracia, lógicamente como un logro, pero que enseguida se convirtió, si no en una decepción, sí en un aburrimiento. Dices en tu libro que los chicos y las chicas que entraban en la universidad cuando tú ya estabas acabando no eran contestatarios, decían que sí a todo sin rechistar (yo, aunque con un poco de distancia, podría pertenecer a esa generación -entré en la Universidad en el 88-). Mi generación no vivió la necesidad de luchar contra algo y por tanto tampoco sufrimos ninguna decepción posterior, ¿podría ser cierta esta afirmación? ¿Es ahora todo demasiado fácil, demasiado simple, demasiado aburrido? A pesar de sus dificultades, ¿no crees que fue mejor haber vivido los últimos años de Franco que viviste tú?

Ah, desde luego, fue un momento emocionante y divertidísimo, que a fin de cuentas duró muy poco, un par de años; yo compadezco a quienes, por ser sólo un poquito más jóvenes que nosotros, se lo perdieron… Mi hermano por ejemplo es sólo 4 años menor, pero la Universidad que él conoció ya era completamente distinta, cada uno iba a lo suyo, la única preocupación eran las notas…

5. Este es el primer libro que leo tuyo, y como digo, detecto inconformismo, enfrentamiento, que es una de las razones que puede llevar a escribir. Yo, a veces me saturo cuando voy al cine porque todas las películas que me gustan son unos dramones, pero ¿se puede escribir también desde la felicidad?, hace ya casi dos años, en un artículo  planteaba esa cuestión, lo titulaba ¿se trasmiten emociones desde la felicidad? http://www.pablomartincarbajal.com/blog.php?codnoticia=49 Qué opinas ¿es posible crear desde la felicidad?

Sí, se puede escribir desde la felicidad, a base de gusto por narrar, de sensualidad, reflexión, curiosidad por el mundo… Pero es verdad que el sufrimiento (aunque sea el sufrimiento pasado, aunque sea algo tan aparentemente inocuo como no saber muy bien quién eres, no encontrar tu lugar en el mundo) es un acicate muy poderoso, y quizá es cierto, a fin de cuentas, aunque sea un tópico, que los grandes artistas son grandes neuróticos, como Proust o Clarice Lispector…

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2 comentarios

  1. Hola, Pablo, me ha parecido muy interesante, sobre todo esa sensación de enfado permanente contra todo y contra todos. Qué difícil vivir así. Te agradezco mucho la información. No creo que te acuerdes de mí, sólo fui el primer día del taller. Un abrazo

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  2. Mi querido amigo, muchas gracias por darnos a conocer esta interesante y apasionante biografía. Como siempre la entrevista es magistral y esclarecedora, un interesante complemento a una lectura, según nos planteas, bastante atractiva. Un fortísimo abrazo y muchas felicidades.

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