El oscuro presente de la literatura canaria

texto leído el pasado 24 de enero durante la presentación del ensayo de Martin Beux «El Hierro literario, exploración de la obra de Víctor Álamo de la Rosa» en Ediciones Aguere e Idea.

 

el-hierro-literario_1-200x324Estamos hoy, sin duda, ante un hecho insólito. A un aventurado, a un atrevido, a un intrépido, a un loco venido de Italia se le ha ocurrido, nada más y nada menos, que pararse a reflexionar sobre la obra creada por un escritor canario (añadiría además sobre un joven escritor canario, aunque tengo dudas, querido Víctor, si ya sobrepasada la cuarentena, todavía podemos clasificarte —clasificarnos— como joven escritor).

Yo me declaro admirador de este loco, de este aventurado, de este intrépido italiano llamado Martín Beux, por haberse atrevido a hacer lo que ya casi nadie hace en estas islas: valorar la obra de un escritor local. Hoy en día el destino del escritor canario es el ostracismo, la indiferencia —me atrevería a afirmar que en este contexto indiferencia podría ser sinónimo de menosprecio—.

Por regla general, cuando un escritor canario publica una novela ya sabe lo que le espera: la novela podrá ser mejor o peor, venderá 200 ó 500 ejemplares, pero por encima de todo esa novela no tendrá ningún respaldo. Hoy en día la novela de un escritor canario está avocada a llegar a cuenta gotas a las cuatro o cinco librerías a las que llega (generalmente de tu propia isla, difícil que más de diez ejemplares den el salto a otra isla de este mismo archipiélago). Las librerías rara vez la colocan en un lugar visible, más bien oculta en las estanterías del fondo, en el rincón apartado de la literatura canaria. Salvo alguna rara excepción nadie que tenga algún tipo de opinión pública se interesa por lo que escribes, en ningún periódico, en ninguna radio, en ningún suplemento cultural de los que casi no existen, en ningún programa cultural en la televisión que tampoco existe, en ningún lugar encontrarás una lectura crítica que valore la novela, que reflexione sobre la misma y que la ayude a conocer (puede que alguna vez salga alguna nota pero el periodista en cuestión nunca se habrá leído nada más allá de la contraportada). Ni siquiera aparecerá en ningún blog de un escritor canario de los que hay bastantes, porque ni siquiera los escritores canarios, salvo alguna rarísima excepción, te leerán o irán a tus presentaciones. Este es el panorama desolador que llega al público, que por lo general, al igual que los distribuidores, los libreros, los periodistas, y los escritores, se interesa más por lo que llega de fuera que por lo que se produce aquí —¿mal endémico de estas islas?, ¿complejo de inferioridad?— A veces te encuentras por la calle a algún conocido y te pregunta: «oye, ¿dónde puedo comprar tu novela?», dando ya por sentado, que tu novela, por ser tuya, por ser de un autor canario, no llega a los sitios habituales en donde se venden las novelas.

¿Me salió ese párrafo demasiado egocéntrico? ¿Acaso la literatura o el hecho de ser escritor ya debe por sí mismo suponer que debas generar en los otros alguna expectativa? ¿Acaso no estamos los escritores, en este mundo de los miles de entretenimientos banales, esperando demasiado? A mí, personalmente me gusta la siguiente frase de Vargas Llosa: «El mundo sin literatura tendría como rasgo principal el conformismo, el sometimiento generalizado de los seres humanos a lo establecido». El mismo Vargas Llosa que publicaba hace unos días en El País un artículo titulado «la civilización del espectáculo» en donde disertaba sobre la frivolización de la cultura, dice el reciente premio Nóbel «(…) nos estamos convirtiendo en un mundo sin valores estéticos, en el que las artes y las letras -las humanidades- habrían pasado a ser poco más que formas secundarias del entretenimiento, a la zaga del que proveen al gran público los grandes medios audiovisuales, y sin mayor influencia en la vida social».

Por tanto, los escritores canarios somos marginalísimos actores de un sector en decadencia.

Sin embargo a veces ocurren cosas. Cuando fui a presentar mi segunda novela a Sevilla, La Casa del Libro la tenía colocada en la mesa de novedades como un escritor más (algo que ni siquiera ocurre aquí cuando se presenta una novela de un autor canario). El presentador en cuestión, un escritor de prestigio, lo primero que dijo fue: «es de agradecer que desde la península podamos comprobar que existen otros escritores canarios serios, yo pensaba que en las islas no había más escritores que los dos o tres ya comúnmente conocidos».

Pero a veces ocurren cosas más interesantes todavía, por ejemplo, leer en la página 102 de este libro que presentamos hoy lo siguiente: «fue de veras apasionante vivir la Isla Menor (el Hierro) tras leerla en la literatura de Víctor Álamo de la Rosa, una isla que, a través de su literatura, había comenzado a formar parte activa y cotidiana de mi vida”. Con esta frase, Martin Beux está poniendo en valor el trabajo literario de Víctor Álamo de la Rosa. Felicidades por tanto Víctor por haber sido capaz de crear con tus novelas un mundo propio, un mundo que ha cautivado a Martin Beux; leo al autor: «alojarme en El Pinar o en Masilva, para vivir los lugares descritos en la obra, cruzar los mismos estrechos callejones donde viven sus personajes, buscarlos en los rostros de la gente del pueblo, lo que me permitió saborear intensos momentos de reflexión y entusiasmo, cuestionarme incluso la propia capacidad de la literatura para cambiar al menos percepciones de la realidad. ¿Qué isla era más real para mí, el Hierro o la isla Menor?»

Sería muy ambicioso e irreal aspirar a que todos los que visitan Canarias (al igual que nos visitó Martin) pudiesen conocer las islas de esta manera. Sin embargo, sería un valor añadido muy interesante que ofrecer al turista, ¿no creen? No sólo al extranjero, también al que viene de la península —al propio canario—, conocer la realidad de la tierra que visitan a través de la literatura que se realiza en estas islas. Claro que no llegaríamos al 100%, pero con llegar al 0,5% sería un éxito. En el último mes he leído dos obras de autores canarios que me han parecido muy interesantes: Guad, de Alfonso García Ramos y La Heredad, de Sabas Martín, dos obras que retratan muy bien una época determinada y sus pobladores: la pobreza, la emigración, la soledad, el aislamiento, el mar, la isla, las personas islas dentro de la propia isla… Unas peculiaridades, sin duda, que comparten otras muchas novelas canarias (y también las de Víctor) y a las que Martin Beux dedica el primer capítulo de su ensayo; una literatura, en sus propias palabras: demasiado particular y que quiero definir canaria. No voy yo aquí a definir la riqueza ni las características de la literatura canaria, lean el capítulo 1 del libro de Martin, o el número 76 de la Revista La Página, titulado «¿bajo el volcán?», en donde se realiza un magnífico estudio de la literatura que se ha escrito en las islas (porque sí hay algunos pocos que valoran la literatura canaria). Esta literatura nuestra desconocida, estos autores nuestros desconocidos, y que sin embargo son capaces de atrapar a gentes de fuera que ven en ella una forma de conocer y de comprender un territorio que para muchos puede resultar muy atractivo y por el que pasan anualmente más de doce millones de personas.

Víctor Álamo de la Rosa se tropezó en el instituto con un profesor que le transmitió su amor por la literatura (conozco la fuerza y la magia de ese sentimiento, aunque a mí me ocurriera a los 30 años). Después de aquel encuentro, y tras más de veinte años de trabajo, Víctor es hoy en día el escritor canario de mi generación con mayor trayectoria. No sé si somos jóvenes, pero sí que compartimos la ilusión, más bien la pasión, pese a las dificultades, por seguir escribiendo en el futuro. A lo largo del libro que presentamos hoy, Martin Beux hace un recorrido, además de  por la literatura canaria, por la obra de Víctor: poesía, relato (si quieren una rápida aproximación al autor pueden leer el magnífico relato «El tamaño del daño» que aparece recogido en el libro), también cinco novelas… Y por encima de todo la capacidad del escritor para haber creado, con oficio, un mundo propio, un mundo propio que me remite a las palabras de Martin mientras paseaba por Masilva: «saborear intensos momentos de reflexión y entusiasmo…». Estas palabras, alejadas de cualquier frivolización, de cualquier civilización del espectáculo, son precisamente un resumen del éxito del escritor, del éxito de Víctor Álamo de la Rosa, del objetivo de su literatura.

 

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