Sobre “La ciudad de las miradas” por Fernando Delgado

valencia2UN BUEN EMBALADOR

Esta es una novela llena de sociología. Porque retrata a una sociedad, y porque la retrata en el tiempo, en los tiempos, es decir, en su evolución. Acaso por lo mismo es una novela histórica: una obra que intenta transmitir la atmósfera de distintas épocas y hace suya esa atmósfera. Es también una novela llena de sentimientos o, si se quiere, de sentimentalidad, porque hurga en los estados de ánimo de sus personajes, en los contrastes de las emociones del ser humano. Y, por eso es también una novela intimista. Por sus elementos críticos implícitos y explícitos sería igualmente lo que se dio en llamar una novela social. Y porque no rehuye la complejidad en su estructura y en su lenguaje entreverado de voces es por lo que podríamos hablar de una novela muy literaria. Se me dirá, y con razón, que todas las novelas son propiamente literarias. Pero responden más a la verdadera literatura aquellas que se someten a los riesgos del lenguaje, aquellas que diciendo lo mismo que otras lo dicen de otra manera.

 

Creo que La ciudad de las miradas incide en radiografías sociales conocidas, sí, pero las cuenta de distinto modo. Y lo importante es que esos cruces de voces y de tiempos y los tonos diversos de esas voces logren un paisaje que se impone al propio paisaje que se describe. Pero si toda novela tiene un paisaje, ya sea exterior o interior, Pablo Martín Carbajal se adueña de ambos para tratar de lograr lo que toda literatura persigue: el recreo de nuestras vidas o de otras vidas que el lector hace suyas o no, pero que en cualquier caso le permiten revivir la suya o ampliarla.

 

La novela es un género tan promiscuo y tan libérrimo que puede contar con personajes o prescindir de ellos, aunque algunos no concibamos una novela sin personaje, pero uno de los aciertos de Martín Carbajal en La ciudad de las miradas es el dibujo de sus personajes. Y otro, hacer de la ciudad, de las ciudades, un personaje. Se inserta así en la tradición de novelistas tan distintos como Galdós, hay un Madrid galdosiano, o Blasco Ibáñez, el valenciano que hizo de su territorio un elemento identificador de su obra. Pero toda la literatura, sirvan de ejemplos el teatro de Lope o la narrativa de Cervantes, reinventaron los escenarios de sus obras al recrearlos o al intentar definirlos. Y hay multitud de casos en la literatura universal que nos han permitido gozar de la belleza propiamente literaria y enriquecer nuestro imaginario al tiempo que nos han permitido aprender geografía o entrar en las entrañas de una sociedad y de un tiempo: que se lo digan a Thomas Mann o a los rusos del XIX. Hemos llegado así al día de hoy con novelas tan espléndidas como La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza, en la que Barcelona es el personaje protagonista. No diría yo que este sea el caso de Martín Carbajal en La ciudad de las miradas, por más que la ciudad que habitan sus personajes, Santa Cruz de Tenerife, influya tanto en sus vidas, pero sí es una novela de Santa Cruz en el sentido de que ha logrado no sólo describir la estereotípica ciudad de provincia española en distintas épocas, y contrastarla con las metrópolis, sino expresar muy bien la insularidad que la marca y el clima de asfixia que la ciudad, a veces inhabitada y desolada, transmite. Muchas veces se habla de la novela de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla al publicarse obras que tienen a esas ciudades como escenarios. De igual manera ha sucedido en la ciudad de Martín Carbajal y la mía. Cuando se publicó una excelente novela de nuestro paisano y admirado escritor, Luis Alemany, Los puercos de Circe, se dijo de aquel relato que era la novela de Santa Cruz. Y lo mismo oí más tarde al publicarse una novela mía, Ciertas Personas. Ambas, con distinto ambiente y desarrolladas en distinta época, creo que son novelas de la ciudad, pero ninguna de ellas la novela de la ciudad. Tampoco La ciudad de las miradas. Pero eso no va en demérito de ninguna de las tres por una razón muy sencilla: las ciudades nunca tienen una sola novela. Y también es muy sencilla la razón de por qué no la tienen: porque toda ciudad tiene muy distintas miradas, pero especialmente porque sobre ellas se proyectan miradas muy diversas. Y en lo que atañe a esta novela de Martín Carbajal lo importante es que su mirada sobre la ciudad, y sobre los efectos de la ciudad en sus personajes, acaso también en lo que en los personajes hay de la ciudad, es de algún modo inédito. Así que La ciudad de las miradas, la ciudad que nos mira, la que nos vigila, la ciudad insoportable, es aquí algo más que un titulo y, sin duda alguna, un titulo acertado.

 

Pero hablé al principio de novela sociológica, y lo es toda aquella que recoge unos comportamientos, por lo que La ciudad de las miradas, tan bien documentada en la descripción social, lo es con largueza. Hablé de novela histórica, y La ciudad de las miradas, con la precisión de sus detalles, a veces hasta la minucia, es en el mejor sentido una novela histórica. Hablé de una novela intimista, y La ciudad de las miradas, con toda una poética del alma humana apoderándose de sus personajes, lo es. Hablé de una novela social, y la carga crítica de este largo relato lo confirma. Y hablé de una novela literaria, y la voluntad de estilo que Pablo Martín Carbajal revela en La ciudad de las miradas hace que su novela sea lo que tiene que ser: una novela sin más clasificación. Porque todas esas clasificaciones que yo he usado sobran cuando una novela es el artefacto literario con el que nos proponemos dar forma a las ideas comunes de la época. “Dar formas a las ideas comunes de la época -libertad, justicia, progreso, etc-, dice Juan Goytisolo, no tiene el menor interés si el autor no les tiende simultá­neamente una trampa, no las ceba con pólvora o dinamita”. Y para eso, para lograr ese propósito literario, para construir ese artefacto, se requiere un buen embalaje que exige lenguaje y estructura. Michael Ende sostiene que la novela no es otra cosa que una cuestión de embalaje. Y esta vez Pablo Martín Carbajal ha embalado bien.

 

Fernando Delgado

Casa del Carmen, Faura, 1 de abril de 2011

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Un comentario

  1. Enhorabuena por los apoyos, me alegra verte tan arropado. Lo cual significa, espero, buena difusión y aceptables ventas. Lo merece el cuadernillo sin duda.
    Respecto a la aportación “Delgada”, aprecio un exceso de citas, quizás faltó tiempo para abundar en el propio análisis, no sé, es una impresión.
    O a lo mejor estoy medio zumbado tras pasar una semana en MArruecos dado a otros menesteres y otra realidad. Como bien sabes, África, tan cercana, asegura un viaje al pasado aun par de horas de distancia.
    Que siga la racha…
    SAlú

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