Laberentia: Alfonso Delgado en la frontera

alfonso-delgadoCalma, sosiego, paz, equilibrio, armonía, una ola que acaricia la orilla, ¿qué buscar cuando ya lo tienes todo encontrado? Esas son algunas de las palabras que utilicé para describir las últimas exposiciones de Alfonso Delgado. Contemplar el horizonte, observar el color de ese mar suyo, caminar hacia ese mar tan calmo que también podría ser un lago, percibir el tacto aterciopelado de la arena mojada sobre mis pies desnudos, dejarme llevar, dar unas brazadas pausadas y sentirme como ellos tres, el centro de esas ondas que se formaban según iba avanzando, esas ondas dulces y expansivas.

Y ahora de repente, ahora llega Laberentia.

Llega la tormenta. La tormenta sí, la explosión, el dinamismo, el estampido, la descarga,  porque todo eso es lo que nos transmite la nueva exposición de Alfonso Delgado, que se expone estos días en la sala MAC de Santa Cruz. Cuando resulta que todo era sosiego y reposo, de repente, los pinceles saltan por los aires, las trompetas claman, saturadas, nuevos y vivísimos formas y colores, la percusión estentórea y el baile a bocajarro, los tigres que salen serpenteando de sus guaridas, la floresta que renace en algún trópico mucho más poderoso que cualquier trópico que hayamos jamás conocido: la fuerza y la alegría, la potencia y la belleza, la originalidad y el desparpajo, la pasión y la felicidad.

¿Qué es lo que ha ocurrido? —nos preguntamos todos asombrados mirando alrededor nuestra, sobrecogidos por esa explosión que nos gusta, sí, que nos gusta mucho, que nos hace sentir que estamos vivos. Alfonso Delgado está vivo y nosotros también: vivísimos estamos, alegres, circulando por nuestras venas la vitalidad de sus nuevos cuadros. ¿Qué ha ocurrido?, nos miramos entre nosotros incrédulos y joviales, enérgicamente apabullados.

Y lo que ha ocurrido es el efecto de la frontera, como la extraordinaria canción de Jorge Drexler: mi patria es un rinconcito, soy hijo de una estrella del alba, yo tengo muchas verdades, el mundo está como está por causa de las certezas, mi casa está en la frontera… frases sueltas de esa canción que ubican también la nueva casa de Alfonso Delgado, la casa que ha compartido a lo largo de los últimos años con un grupo de chicos venidos desde su lado de la frontera a este otro lado, un grupo de chicos de Marruecos, Senegal, Mali, Camerún y Guinea Conakry, que ahora viven entre nosotros.

InTeR-LaB (Laboratorio Intercultural de Creación y Comunicación de Ideas) se llama ese grupo, que dirige Alfonso Delgado y en el que ha estado compartiendo, pintando, exponiendo y disfrutando con un hecho tan simple y enriquecedor como es conocer al otro. Y conociendo al otro, conociendo sus otras realidades, enriqueciéndose con ellas como no enriquece nada en el mundo, empezó a surgir Laberintia. ¡Y yo que pensaba que el autor ya lo había encontrado todo!, ahora de repente esto, ¡y mira que tener que morirse uno con todo lo que nos queda por hacer! —repite siempre—. Mientras, bien nos satisface deleitamos con la brutal explosión de alegría y vitalidad que es Laberintia, esta extraordinaria manera de disfrutar y compartir la belleza, esa fuerza y esa riqueza que nos otorga el optimista y verdadero concepto de ser frontera.

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