Presentación de “La felicidad amarga” en Agüimes

Agüimes, con Susi Alvarado
Agüimes, con Susi Alvarado

Reproduzco a continuación el texto escrito por María Jesús Alvarado  y el diálogo que mantuvimos durante de la presentación de “La felicidad amarga” en el Festival del Sur, en Agüimes.

Todos los libros tienen tras de sí una intención, a veces inconsciente pero siempre presente entre sus páginas, hacia ese lector desconocido que  un día va a empezar a leer y a dejarse llevar por la historia que allí se cuenta. Es necesario que la intención que late en las páginas del libro llegue a conectar con el sentimiento del lector para que se produzca la comunicación necesaria, el  goce de percibir que seres de realidades diversas y lejanas se conectan por una misma sensibilidad a través de un texto compartido, uno escribiendo y otros leyendo. Esa es la magia de la literatura.

En el caso de La felicidad amarga nadie espere encontrarse con una novela deslumbrante, de acción, de intriga, divertida, no hay tramas rocambolescas, ni crímenes por resolver, ni tormentosas historias de amor…, no, no hay nada de eso. Yo diría que La felicidad amarga es una novela susurrada, una confidencia, un texto que habla de cosas sencillas, de la vida de todos, de las dudas de todos, de la necesidad de todos de encontrar nuestro propio camino.

Rafa, el personaje principal, nos lleva de la mano, como testigos mudos de su evolución, en un recorrido vital en el que se descubre a sí mismo, paso a paso, capa a capa, como si de un juego de muñecas rusas se tratara, liberándose paulatinamente de cada una de ellas a fin de llegar a la muñeca mayor, la que ya no necesita quitarse de encima ninguna otra… si bien todos tenemos siempre pendiente quitarnos de encima algún lastre emocional, infinitas muñecas rusas que seguir descubriendo para poder ser cada vez más libres.

“No tiene prisa el tiempo;
no tiene prisa el verso.
Pero es tenaz
como el viento con la piedra,
y cada palabra
tiene su hora y su manera.”

Hay varios temas importantes en esta novela. El primero de ellos, el paso del tiempo. De la infancia a la complicada adolescencia, y de ahí a joven adulto, las dudas ante el futuro,  las decisiones que van definiendo el camino, la actitud ante la vida y las relaciones cuando asumimos la madurez, las responsabilidades de un adulto con el propio destino en sus manos…, asumir que aún siendo la misma persona, el tiempo nos transforma y nos convierte en alguien diferente.

“Yo elegí ser feliz.
No hay mejor venganza.”

Y en ese cambio que se opera con el paso del tiempo, qué importancia tiene la capacidad individual de percibir de manera única el mundo que le rodea, y de elegir aquel en el que se quiere vivir. Esa capacidad de elección es también muy importante para que Rafa, el personaje de esta novela, un niño bien, de familia acomodada, de colegio privado y de amigos igualmente acomodados pertenecientes a familias influyentes…, pero una persona con la suficiente sensibilidad como para darse cuenta de que hay niños que a pesar de vivir en casa de protección oficial tienen mucho que ofrecerle, y que cuando termina el bachillerato decide alejarse durante un tiempo para descubrir otras realidades diferentes a la suya, otros mundos en los que el contraste con lo conocido le van a confirmar lo pequeño que era su mundo.

Ese mundo que —como en el libro anterior de Pablo Martín-Carbajal— se desarrolla en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, en la isla de Tenerife, a la que en la novela se refiere como “esta trampa mortal en la que se puede convertir cuando se tienen veinte años”, y que tras la experiencia y el aprendizaje en la distancia vuelve a ser su lugar, cuando entiende que, si ya sabes quien eres, da igual Tenerife o Londres.

“Porque ellos no serán sin nosotros.
Y nosotros no seremos sin ellos.”

La importancia del paso del tiempo y de la toma de decisiones en la conformación de la propia historia se amplía en la novela, al tener Rafa la necesidad de armar la historia familiar para entender su presente. Esta reconstrucción de la memoria es muy importante desde el punto de vista psicológico porque efectivamente “lo que somos empieza mucho antes”, y a él le sirve en gran medida para darse forma y consistencia como parte imprescindible de una cadena con eslabones sólidos y todos necesarios.

“¡Y es tan fácil saberse mis ojos!”

Y rodeando todo esto y por en medio y en la raíz de todas las historias que se entrelazan, hay algo que late y que confiere a la novela ese aire de confidencia y cercanía que comentaba al principio, y es el sentimiento, la emoción, la fragilidad, la sinceridad.  Rafa tiene una gran capacidad de amor, y aunque no le resulta fácil expresarlo, se hace patente en su concepto de la amistad cuando siente de manera tan intensa la fuerza del grupo de amigos como si fueran uno; en la cercanía especial hacia Carmen, esa mujer en quien confía sin apenas saber nada de ella pero de quien se siente tan cerca; en el dolor ante la injusticia, la incomprensión o el desamor;  y sobre todo le desborda el gran amor por su familia, que no teme mostrarnos con altas dosis de ternura.

En cuanto al modo de escritura yo destacaría la capacidad para describir, e insistir, en una minuciosa descripción de los ambientes con pequeños detalles aparentemente insignificantes muchas veces —el número de calzado, la caída del cabello sobre la frente, los rayos de sol por las rendijas de la persiana, el vapor del agua hirviendo, las galletas de la merienda, el programa de la tele, la sensación de fiebre…—, pero que confieren al relato una enorme sensación de  cercanía y cotidianeidad. Y además, es muy interesante el juego temporal que utiliza, con distintos tiempos cruzados, distintas voces expresándose  y contando, consiguiendo por momentos incluirnos a los lectores en la fantasía de parar el tiempo cuando repetidamente detiene la historia para decirnos que “aguardó un segundo, mantuvo un segundo, detuvo un segundo, sostuvo un segundo…”

Valdrá la pena detenernos mucho más de un segundo, para que el propio autor nos comente su opinión respecto a algunas cuestiones a las que nos acerca su novela, o que al menos a mí me han despertado un añadido interés:

Una de las preguntas que me surgen es respecto a la importancia de la propia historia familiar, personal, amorosa, para predisponer al escritor a unos temas u otros a la hora de escribir, y al lector a la hora de escoger lo que quiere leer. ¿En qué medida crees que  es determinante la historia personal a la hora de escribir/leer?  ¿Qué temas son los que te resultan más atractivos como lector y como escritor?

Todo escritor se nutre de su propia experiencia, es un tópico, pero no por tópico deja de ser cierto. Yo llevo tres novelas publicadas, y en todos los personajes que he creado, hasta los que pueden resultar más antagónicos, veo cosas mías, eso no quiere decir que yo sea ellos, más bien soy todos ellos y ninguno a la vez. Pero no solo los personajes, los hechos narrados también tienen un paralelismo con uno mismo, sí, la historia personal es fundamenta a la hora de escribir. ¿Y de leer?  hay una frase que dice «somos lo que leemos», suscribo, porque las lecturas que a uno le apasionan, reflejan, marcan nuestros intereses, nuestras preocupaciones, nuestros deseos de indagar en ciertos temas. Respecto a esos temas, mis novelas publicadas hasta ahora hablan fundamentalmente de sociología y de sentimientos, novelas que traten aspectos sociológicos contemporáneos y toda relación humana que provoque sentimientos me interesa. También el viaje, presente en todas mis novelas, Philip Roth dice que cada novelista tiene 5 ó 6 temas sobre los que escribe siempre, y yo no soy una excepción.

El personaje de Rafa era un defensor de las causas perdidas desde pequeño, cuando en los juegos o al ver las películas del oeste se ponía de parte de los indios aunque salieran perdiendo, alegando que “ellos no son los malos, ya estaban aquí…” ¿Te consideras tú también un defensor de las causas perdidas? ¿Crees que la literatura puede servir para sacar a la luz esas vidas, esos personajes, que de alguna manera reflejan la injusticia y a los que debemos poner voz?

No sé si un defensor de causas perdidas, pero sí creo que a veces tengo una percepción diferente de cierto tipo de cosas en relación con la mayoría, y creo que eso se puede reflejar en mis novelas. Quizás sea esta la razón por la cual escribo, para mostrar el mundo tal y como yo lo veo, que por supuesto no es único, pero sí me gusta dar voz a esa manera de ver las cosas, lo que observas, lo que crees distinto, lo que te llama la atención, tu particular punto de vista. La literatura es un medio fundamental para ello: para vivir otras vidas, para conocer otros puntos de vista, para descubrir las realidades de los otros, para ser más empático, para separarse del discurso único, para definir el lugar que quieres en el mundo… La literatura es un arma, un arma milagrosa, como titula un poemario el martiniqueño Aimé Cesaire.

Hay una observación que me gusta mucho en un momento de la novela, cuando para poder decirse determinadas cosas es necesario que haya una tercera persona delante, dices “qué bueno la tercera persona”, y me ha hecho pensar si esa función, que es cierta muchas veces, la desempeña en cierta manera el libro; si la literatura no cumplirá de algún modo ese papel de facilitador cuando entre el escritor y el lector se quieren abordar ciertos temas difíciles, y el hecho de que haya un libro por medio facilita que muchas cosas se puedan decir… No sé, es solo una idea que me sugirió tu frase y ahora te la planteo…

¡Pero también tiene su riesgo! Y que se enfaden contigo por contar esos temas difíciles a través de una novela que queda abierta a los otros. “La felicidad amarga” trata de relaciones familiares en gran parte, cuando la estaba escribiendo asistí a un taller literario que abordaba la cuestión de escribir sobre la familia, lo difícil que era mezclar la realidad con la ficción por los malentendidos que se creaban entre aquellos que se podían ver reconocidos, o falsamente reconocidos. En la novela hay una escena que muestra que a Rafa le puede resultar difícil comunicarse con su hermano Dani cuando están a solas, pero que sin embargo, cuando hay una tercera persona todo fluye con mucha complicidad entre los dos, entre los tres. Nunca me lo había planteado, pero quizás sea cierto que esta novela pueda funcionar como una tercera persona como dices.

Sé que tu próxima novela está ya avanzada y que esta vez transcurrirá en gran parte en África, o es de temática relacionada con África. Yo soy de la opinión de que en Canarias tenemos aún muy poca conciencia de que somos africanos y que necesitamos mucha literatura africana escrita desde Canarias, que nos acerque y nos ligue al continente hasta estar incluida en nuestro universo literario como un entorno propio. ¿Escribes esta novela africana por casualidad, por tus circunstancias personales actuales, o hay una intención añadida de acercamiento emocional, de inclusión de África en tu literatura posible para libros futuros?

Desde que empecé a escribir sabía que quería escribir una novela sobre África (llevo quince años trabajando con este continente) pero no quise hacerlo de inmediato, sino esperar a que fuese adquiriendo más experiencia literaria, creo que después de tres novelas publicadas ha llegado ese momento. Me interesa dar a conocer en esta novela que estoy trabajando la realidad de África, por qué se encuentra en la situación en la que se encuentra, con todas sus cosas buenas, con todas sus cosas malas, que el lector sienta un acercamiento emocional y empático (o no, pero que al menos se lo plantee) hacia ese continente tan desconocido en Canarias y en España. Esta próxima novela, que todavía tardará en publicarse, tiene un objetivo muy claro en ese sentido y sí, abre la vía a otras posibles novelas sobre África que espero abordar más adelante.

A propósito del título, ¿Crees que siempre la felicidad es amarga, que el sufrimiento que la precede siempre dejará mal sabor, o que en algún momento se olvida y el amargor puede deja paso a la dulzura?  ¿Te sirve la literatura para ser más feliz?

Este tema está no sólo en “la felicidad amarga”, sino también en mi primera novela, “Tú eres azul cobalto”, pero abordado desde dos puntos de vista completamente distintos. En ambos se plantea la felicidad como una camino de superación de adversidades, sólo cuando eres consciente de que las has superado, llegas a ser feliz, y el coste que dejas en el camino son las cicatrices que confirman la felicidad. Se puede mirar a esas cicatrices con dulzura, como un proceso necesario para alcanzar una felicidad actual.
Sí, la literatura me sirve para ser feliz, por todas las cosas que me has preguntado y he respondido en esta entrevista.

Gracias por tu libro y por ser como eres.

Susi Alvarado.
Agüimes, 17 de octubre de 2013

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