Melini y Ndoye

Hace dos añosAmadou-Ndoye-(foto-Carlos-Fuentes)_550 tuve la suerte de ser incluido en una antología de autores canarios denominada Generación 21. Fue y sigue siendo una experiencia muy interesante, no sólo por lo que tenía de operación de marketing, sino también por la oportunidad de conocer a otros escritores de mi misma generación que viven la literatura con pasión y compromiso. Poco a poco los vas conociendo, los vas leyendo, a unos les gustan más unos, a otros les gustan más otros, en fin, lo normal: los temas, los estilos, las afinidades literarias… Quizás no viene a cuento que lo diga, pero si tuviera que elegir a uno solo de entre todos los que formamos parte de esa antología, yo elegiría a Nicolás Melini, un escritor sólido, que desgaja el alma humana sin concesiones, que domina a la perfección esa fuerza carveriana de que en cada frase que escribe puede suceder algo. De Melini he leído la novela El futbolista asesino, los libros de cuentos Pulsión del amigo e Historias sin cariño de Remedios Quiero Besarte; y el poemario Cuadros de Hopper. Todos me han gustado mucho. Mucho. Esa sensación subyugadora de quedarte durante días o semanas con sus personajes y sus situaciones en la cabeza después de haber terminado la lectura. Conozco menos su faceta de cineasta, pero las mismas impresiones que me ha producido su literatura las tuve con el único corto suyo que he visto: Hijo.

Hoy escribo este breve apunte sobre Melini no por azar, sino porque he leído un artículo (más que artículo una conferencia) que ha escrito sobre una persona que venero, como la veneramos todos los que lo conocimos: el senegalés Amadou Ndoye. Aconsejo vivamente la lectura del extraordinario trabajo que ha realizado Nicolás Melini (http://www.fronterad.com/?q=hadji-amadou-ndoye-apostol-espanol-en-africa), un artículo que habla, como dice el propio autor, de un ser excepcional, y que nos muestra con brillantez tres identidades que Melini domina a la perfección: la identidad de África, la identidad y la personalidad de Amadou Ndoye, y a través del estudio que realizó Amadou de la literatura canaria y de su acertadísimo punto de vista: la identidad del hombre canario. Yo me he emocionado al leerlo, es un artículo largo, sólido, muy trabajado, comprometido y fantástico.

Gracias, Nicolás, por el regalo que nos has hecho con ese magnífico trabajo. Amadou lo merece.

(foto de Amadou Ndoye: Carlos Fuentes)

***

A continuación reproduzco el artículo que escribí el día que me llamaron para comunicarme la muerte de Amadou, y otro artículo de una semana después.

La oportunidad perdida, querido Amadou
(4/3/2013)

Hoy murió Amadou Ndoye, nuestro querido amigo senegalés, el gran profesor de lengua y literatura española de la Universidad Cheick Anta Diop de Dakar. Esta mañana borrascosa, el viento azotando las ventanas, otro amigo y admirador suyo, Juan Carlos Acosta, me llamó apesadumbrado para darme la noticia, y un vacío enorme, tan grande como su pérdida, me tornó insignificante; lo primero que pensé tras reponerme apenas, fue que nunca tendríamos a nadie como él; y me vino enseguida a la mente, como si fuera una aparición divina, que qué oportunidad habíamos perdido, y me recriminé a mí mismo no haber hecho nada por evitarlo…

Amadou Ndoye era una voz distinta, erudita, certera, por encima de todo un sabio. Siempre recuerdo aquella conferencia que organizó Juan Manuel Pardellas en la que entrevistó a Amadou y a Ignacio Ramonet, y cómo éste, que sabios habrá conocido a muchos, lo observaba completamente impactado e imantado por su discurso. Semanas más tarde Ramonet lo invitó a participar en una mesa que organizaba, y a mí no me extrañó en absoluto, porque Amadou era una de esas personas que, por encima de todo, valía la pena escuchar, te sentabas a hablar con él, o asistías a una de sus conferencias, y te quedabas pasmado ante su sabiduría.

Amadou era la voz de África, una voz crítica, realista, histórica, competente, comprometida; arremetía contra su propio país si hacía falta, y arremetía contra Occidente, contra el etnocentrismo, contra el egocentrismo, contra el colonialismo, en fin, contra la ignorancia. Y además, era un gran amigo de Canarias y de su literatura, siempre recuerdo con admiración cuando me contaba cómo decidió hacer su tesis doctoral sobre  literatura canaria, y cómo en los años ochenta, aquel joven estudiante senegalés, se plantó en las islas para conocer a los Alberto Omar, Fernando Delgado, León Barreto, Armas Marcelo, Víctor Ramírez, García Ramos, Juan Cruz, etc. Está bien tu trabajo, Pablo, me decía siempre que nos veíamos en las islas o en Dakar, pero no dejes de escribir, sobre todo no dejes de escribir…

Y aquí, que tanto hablamos sobre un África que tanto desconocemos. Y aquí, que como dice Pepe Naranjo (uno de los promotores junto a Txema Santana y Laura Gallego de esa magnífica iniciativa que es guinguinbali.com), sólo somos un puñado de frikis los que intentamos comprender África de otra manera. Y aquí hemos dejado pasar la oportunidad que era Amadou…; porque cuando Juan Carlos Acosta me llamó está mañana apesadumbrado para darme la noticia, cuando apenas pude reponerme del vacío y de la insignificancia, me vino enseguida a la mente, como si fuera una aparición divina, que cómo era posible que hubiésemos dejado escapar a Amadou, que cómo era posible que Amadou no hubiese estado dando charlas todos los meses en las universidades, en los institutos, en todos los foros, en todas las radios y en todas las televisiones, porque si de verdad África forma parte de nuestro proyecto, entonces hay que empezar por conocerla, nuestra gran asignatura pendiente, y nadie conoce mejor África y Canarias como las conocía Amadou.

Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y lo peor de todo, es que con Amadou, algunos sí lo sabíamos…, los que tuvimos la inmensa suerte de conocer su humanidad y su discurso, una inmensa suerte directa o inversamente proporcional a lo que lo vamos a echar de menos…

Amadou Ndoye
(11/3/2013)

Amadou Ndoye murió hace una semana, nos cogió por sorpresa, al día siguiente se publicaron distintos artículos sobre él, todos sorprendidos por lo inesperado, la emotividad reflejada en esos textos que alababan su figura: Amadou era un sabio, su humanidad, el conocimiento que tenía de Canarias, lo solo que nos deja y lo que lo vamos a echar de menos. Todos los artículos, todos los comentarios que se hicieron en Facebook, todos señalaban las mismas cualidades de Amadou, y todos estaban en lo cierto.

Hoy, una semana después, los días han pasado, hemos continuado con nuestras vidas, los artículos que se publicaron quedaron en periódicos que ya son viejos, y si miras en Facebook tienes que ir muy abajo para ver los comentarios que aparecieron en los muros. Hoy escribir sobre Amadou es distinto, la emoción, esa alteración del ánimo intensa y también pasajera, se apaga; pero no así el sentimiento, el estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente, y que en su definición no contempla ninguna componente de tiempo. Amadou se ha ido, la emoción se ha apagado, pero no así el sentimiento, el sentimiento de que ya no está, de que no lo volveremos a ver.

¿Qué es lo que nos ha enseñado Amadou? ¿Cuál es el legado que nos deja? En primer lugar Amadou nos ha dejado la curiosidad por el descubrimiento del otro, del extraño, del extranjero; es cierto que es una actitud muy africana, ver al extranjero como alguien que aporta. Ya lo decía Senghor cuando esbozaba su tesis sobre la Negritud: entrar en contacto con la civilización de los blancos para adoptar lo que tiene de bueno (y rechazar lo que tiene de malo), los negros podemos asimilar lo bueno de otras culturas, eso no quiere decir que seamos asimilables. La civilización de lo universal que perseguía Senghor, el extranjero como alguien que aporta y no como una carga. Y hoy que somos un mundo globalizado, hoy que necesitamos estar en contacto con el exterior, con África, hoy que es preciso conocer al extraño porque estamos obligados a trabajar con él, hoy más que nunca necesitamos gente como Amadou.

Además Amadou era la voz de África, una voz negra que resquebraja estereotipos. Una amiga me ha dicho esta semana, «cuando yo escuchaba cómo Amadou hablaba de Canarias, de mi propia tierra, me sentía una ignorante». Pero no sólo cómo hablaba de Canarias, sino cómo hablaba de África: una voz brillante, siempre certera, crítica, perspicaz, cargada de contenido. A aquellos que tengan algún prejuicio sobre África, a aquellos que tengan alguna imagen preconcebida, les bastaría con escuchar Amadou para que se dieran cuenta de la fuerza del continente, un exponente de los muchísimos personajes brillantes que viven enfrente de nosotros.

Si a eso le sumamos su compromiso humanista, ya tenemos el perfil de nuestro amigo. Amadou se ha ido, quizás la emoción también, pero perdura entre nosotros el sentimiento, el sentimiento de los que lo amamos y lo seguiremos amando, ese sentimiento que nos obliga y nos compromete a perpetuar su legado. Imposible olvidarte, querido Amadou.

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