Instrucciones para disfrutar Tú eres azul cobalto

IMG_3576 Martha Zamora es una de las principales especialistas sobre Frida Kahlo, su libro El pincel de la angustia es uno de los libros más completos sobre la pintora mexicana y obra de referencia para cualquier persona interesada en Frida. Recientemente ha publicado En busca de Frida. Martha me acompañó en el lanzamiento de la novela en México y escribió este artículo que reproduzco.

 

Instrucciones para disfrutar Tú eres azul cobalto, de Pablo Martín Carbajal. / Martha Zamora

En mi país, México, existe una campaña intensa para propiciar la lectura en la infancia y ésta se apoya en la participación paterna para leer con los hijos veinte minutos diariamente. Omite, sin embargo, algo muy importante: el placer.

Los mejores lectores somos aquellos que vimos en nuestra familia leer por placer, morirse de risa con Jardiel Poncela o sufrir con Madame Bovary. Los niños tienen que absorber de nosotros aquel enorme orgullo de tener dentro de la mente amigos como El Principito, como Pedro Páramo, como la familia sumida en la selva colombiana que nos regaló García Márquez. Qué haríamos sin ellos!

El libro de Pablo Martín Carbajal se lee con placer, se pasan las hojas rápidamente con curiosidad por saber más y más de la aventura vital de Dori, una mujer que reconoce que tiene todo aquello que su familia y su sociedad califican como positivo y aún así…

Descubre a Frida Kahlo curiosamente en un cuadro donde la artista, famosa por autorretratarse, no aparece: El Suicidio de Dorothy Hale (1939). Poco a poco va conociendo más sobre la vida, la pasión y el dolor de la pintora mexicana al tiempo que se presenta en su vida un personaje enigmático que la atrae al cambio, al dolor y a la pasión.

El autor se documenta para describirnos con detalle a un personaje femenino. La maquila con detenimiento hasta el mínimo detalle: “Plantada frente al espejo, la ampolla de belleza instantánea, el quitaojeras de Chanel, la base de maquillaje de crema, los polvos para matizar la base, la sombras de los ojos blancas para acentuar el brillo, el lápiz kohl más difuminado que el eyeliner…”.

Todo eso es en cuanto al exterior. Pero indaga también en lo más profundo del alma de su personaje femenino con precisión quirúrgica, despiadada. Dori, al ver la calidez espontánea con la que se aproximan a su hijo tanto la abuela como la maestra y el mismo padre, quien parece no tener más defecto que el no darle una vida de vuelcos, de pasión desbordada, ella no está segura ya ni siquiera de tener un amor profundo por su único hijo, y lo confiesa: ”Yo no sé si alguna madre ha llegado alguna vez a sentir algo así, lo pensaba con remordimientos mientras conducía al trabajo después de haber dejado a Juan en la guardería. Desde luego no una madre que tú conocieras, Dori. O quizá sí, pero ninguna se atrevería a confesarlo a alguien, como otros muchos sentimientos, como otras muchas emociones de las que nos podemos sentir más o menos avergonzados y nunca seríamos capaces de compartir”.

Uno de los grandes aciertos del autor es la construcción de la novela en capítulos pequeños que mueven a la curiosidad de leer uno más, nada más uno más, y… me voy a trabajar.

Otro es sin duda la creación de un personaje cuyo perfil queda desdibujado: la tía Mila. Es tanta la curiosidad que despierta en el lector que terminamos por armarle una biografía en nuestra mente: ¿Se habrá acostado con el padre de Dori? ¿Huyó con un hombre casado? Despierta nuestra atención porque Dori atribuye en parte a su recuerdo lejano los experimentos de autodeterminación que emprende como ser capaz de opinar con firmeza, rechazar lo que no le conviene o acudir sola a un concierto o a un restaurante, aunque se apoye en el celular como movimiento de desplazamiento.

En su ilusión de valerse por sí misma, de inspirarse en Frida Kahlo –realmente en la Frida que ella quiere ver- llega a convencerse de que ocupa un lugar en la vida en el que no va a ninguna parte.

Hay un momento en que su amiga Angelina le espeta: “Si tanto conoces a Frida Kahlo a ver si te das cuenta de que ella sólo pintaba cuando no era feliz, sólo se retrataba cuando tenía problemas con su marido, cuando le dolía el cuerpo, cuando todo lo que sentía era malo y horrible. Su pintura provenía del dolor ¿esa es la vida que tú quieres? ¿Sentirte distinta pero tremendamente triste? No sigas por ese camino Dori, tienes un hijo y un marido maravillosos y una vida sin complicaciones”. Pero Dori salta al vacío.

Lo que trae aparejado este salto puede el lector encontrarlo en el delicioso libro de Pablo Martín Carbajal quien ojalá nos entregue otro más, tan disfrutable como éste, sobre la Tía Mila.

 

 

 

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