En una librería de segunda mano en Jakarta

Compré Tiempo de cerezas en 1995 en una librería de segunda mano en Jakarta. Yo viajaba, la guía Lonely Planet que era tu único mapa tu única brújula, te indicaba las librerías para viajeros que te podías encontrar en el camino, allí te dirigías a vender los libros que ya habías leído, para que no te pesasen en la mochila, y a comprar otros nuevos que te acompañasen en la siguiente etapa. Vendí la Lonely Planet de China (que ya no me servía para nada), y me llevé Tiempo de cerezas, de Montserrat Roig, el único libro en español que encontré en aquella librería de Indonesia.

 

Han pasado más de veinte años desde aquello y siempre he recordado que su lectura me produjo una honda impresión, sobre todo porque era una novela que hablaba de la Universidad en Barcelona durante la época de Franco, una Universidad comprometida con el cambio de régimen, con la llegada de la libertad: la ideología, las manifestaciones, las cargas de los grises, la cárcel, el compromiso… La Universidad que yo había recientemente terminado no tenía nada que ver con aquella, a nosotros sólo nos preocupaba la fiesta a la que íbamos a ir el próximo fin de semana, nada más. Tiempo de cerezas me abrió los ojos sobre una época de la que nadie nunca me había hablado, por la que nunca me había interesado… ¿Cómo había sido eso posible?, me preguntaba recriminándomelo, con un profundo remordimiento…

 

Y ahora, en 2017, he buscado Tiempo de cerezas en la biblioteca de mi ciudad (aquel ejemplar de entonces se quedó en otra librería de segunda mano en Australia), lo he vuelto a leer, y mi asombro ha sido aún mayor. Resulta que la lucha universitaria sobre la que yo creía que se basaba la novela sólo ocupa medio capítulo, apenas treinta páginas de las doscientas cincuenta que tiene la novela. Tanta impresión debió de ser aquella…, tan despistado estaba…, tan ignorante era…
 
Probablemente para luchar contra eso mismo estaba haciendo aquel viaje…

 

Y no me percaté entonces, o al menos no ha quedado en mi recuerdo, que el principal tema de Tiempo de cerezas es otro. La novela habla, por encima de todo, de la situación de la mujer en la España de la época. Procederé con el imposible y osado ejercicio de resumir la trama en una sola anécdota: Silvia es ama de casa, como todas sus amigas no trabaja porque sus maridos no les dejan, en una conversación al final de la novela el marido de Silvia dice lo siguiente: Silvia es mi mujer porque me necesita, sabe que sin mí no iría a ninguna parte. Tiempo de cerezas habla (entre otras muchas cosas) de los que detentaban el poder, y de sus sometidos… Espeluznante.

 

Una estupenda novela para comprender una época. Los libros que encontramos en el camino dirigen nuestros pasos.

 

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