Sucedió anoche, así, de improviso

Estábamos comentando un video que yo había compartido en Facebook en el que se iba mostrando los planetas uno por uno, desde el más pequeño, y Venus, Marte, comparando los tamaños, Tierra, y después Urano, tan grande, Saturno enorme, Júpiter inmenso, Sol, qué barbaridad; y nosotros allí, en la Tierra, del tamaño de una hormiguita en medio de la inmensidad, qué insignificancia. Y entonces me acordé del quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, y tarareé la canción de Siniestro total que tanto canté en los finales de los 80, buscamos el video en Youtube y lo vimos, y después apareció uno de Mecano, tonto el que no entienda, cuenta la leyenda, que una hembra gitana, y así empezamos a enlazar, así de improviso, tantas canciones de aquellos años; y Radio futura, y Los Secretos y Duncan Dhu, Loquillo y los trogloditas, y la Unión, el tiempo pasa tan despacio en Sildavia, no hay, desiertos, apareció un texto sobre el video de una chica de 16 años que decía que se sabía todas las letras de ese grupo de memoria porque lo escuchaba con su padre, y nos emocionó la imagen del padre enseñándole a la hija, compartiendo con su hija, escuchando a La Unión juntos. Y después Tequila, ah, ah, dime que me quieres y Seguridad social; y yo busqué la Orquesta Mondragón, viaje con nosotros, si quiere gozar, viaje con nosotros, a mil y un lugar, y disfrute; me encantaba la irreverencia de Javier Gurruchaga, y pusimos a la siempre genial Alaska, a quién le importa lo que yo haga, qué manera magnífica de romper con el pasado, con los años del franquismo, aunque quizás nosotros entonces no éramos del todo conscientes, simplemente éramos muy jóvenes. Y  busqué aquel tema de Los Ilegales, eres una puta, pero no lo bastante, tu boca huele, como un escape de gas, la canción que siempre le cantaba  a mis amigos para escandalizarlos cuando se ponían melindrosos porque a ellos les gustaba el rock sinfónico y a mí el pop-rock español, voy a mil, y no puedo parar, decía Vicky Larraz con Olé Olé, y nos reímos con las estupideces de Hombres G, por eso no, no te quiero ver, prefiero quedarme en casa viendo Falcon Crest, ¡mi madre Falcon Crest!, cuando en la tele sólo existía la primera y la segunda cadena; aunque estos dos quedaban a unas horas muy raras, porque Falcon Crest lo ponían a las dos y media y todos los chicos llegábamos tarde a la clase de las tres y media y el último nos contaba cómo había terminado el capítulo. Y hablando entre canción y canción recordamos que habíamos estado en los mismos conciertos de la plaza de toros cuando aún no nos conocíamos, y de habernos visto quizás ni nos hubiésemos mirado, mil calles llevan hacia ti, ah, ah, ah, y no sé cuál he de seguir, en el de Nacha pop, en el de Luz Casal, en el de Los Ronaldos, adiós papá, adiós papá, consíguenos un poco de dinero más, en el de Mecano, en el de la Orquesta Mondragón, en el de Gabinete Caligari. Si me tuviera que quedar con uno solo de todos los conciertos o de todos los discos de aquellos años, desde luego elijo el doble LP en vivo de Joaquín Sabina y Viceversa, así que tecleamos su nombre y aparecieron Rebajas de enero, esa estupenda canción que habla de saber aceptarse a sí mismo, con sus limitaciones, de dos incapaces de encontrar el amor verdadero pero que viven el día a día conforme a su realidad, juntos, intentando ser felices. Y Cuando era más joven, que fue una especie de himno para mí, y que trataba y trata de todo lo que echamos de menos cuando decidimos sentar la cabeza, de cuando ―decía Sabina en la intro de la canción― los trenes eran animales mitológicos que simbolizaban la huida, la fuga, la vida, la libertad; aquellos animales con los que yo soñaba entonces, e incluso sueño hoy todavía alguna vez. Y si de todas las estupendas canciones que recordamos anoche tuviera que decidirme por una sola, sería por una de esas que cuando las escuchas veinticinco años después lo haces de otra manera, porque la letra que ahora percibes no es como la percibías en aquella época, Camino Soria, de Gabinete Caligari, me pareció ayer tremendamente literaria, porque Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán, y por los dos sabrás, que el olvido del amor se cura en soledad, se cura en soledad, y esa melodía final de la trompa, que era y es una invitación a la introspección, a la belleza. Y así acabamos los dos después de más de tres divertidísimas horas, en el planeta Tierra, pequeñitos en medio de la inmensidad, viviendo nuestras rebajas de enero, siendo conscientes de que a pesar de todas las dificultades ya llevábamos veinte años juntos, y así nos fuimos a la cama, tarareando cada uno una canción, y así nos quedamos dormidos, nostálgicos pero realistas, abrazados y felices.
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2 comentarios

  1. En un planeta tan pequeñito se desarrolla el amor en este caso unas ramas del amor, la música y la letra…. es verdad Pablo después de tantos años escuchar una canción wao… recuerdas como una nota musical o una letra de la canción hacía destellos en el alma cosa grande q explotabas y jóvenes con ganas de comerse al mundo…. y bueno hoy en dìa sigue el destello de la hermosa MUSICA Y LETRA…. Dentro de mí…. mi alma belas canciones

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