Hondura y belleza

historia ilustrada del mundo, Anelio rodriguez concepcionAcabo de terminar de leer esta delicia, “Historia ilustrada del mundo”, un libro corto; de título ambicioso -te puedes preguntar-, pero según vas leyendo sus páginas te das cuenta de que realmente es así, de que estás leyendo la historia ilustrada del mundo. Su autor, Anelio Rodriguez Concepción, es además un tipo único, peculiar, extraordinario, de verdad, no exagero nada. Yo no lo conozco mucho, en su día nos unió aquella antología, Generación 21, y a partir de ahí habré coincidido con él cinco o seis veces, en todas ellas he pensado lo mismo. Fabuloso. Asistir a una charla de Anelio es un placer raro, infrecuente, él habla como si no lo estuviese oyendo nadie, como si estuviese charlando con un amigo tomando un café, y tú lo escuchas embelesado, esa habilidad que tiene para contar lo cotidiano, lo profundo, y lo hace con naturalidad, con una gracia y un sentido del humor sutilísimos, fuera de lo común, un escalofrío te recorre por dentro cuando te das cuenta cómo te ha conducido ahora a la carcajada, ahora a lo transcendental, a lo verdadero. El otro día lo estaba escuchando una vez más en la feria del libro de Santa Cruz, no seríamos más de veinte personas en la carpa, y yo pensaba que aquello merecía más eco, más público, que tanta gente se estaba perdiendo tanto… En fin, a nada conduce este consabido lamento…

 

Anelio Rodríguez Concepción ha escrito un libro hondo y bello, no es una novela, se trata de veinte semblanzas, acampañadas con una fotografía, de familiares suyos. Son pequeñas historias sí, ¡pero cuenta tanto en cada una de ellas! Personajes desconocidos, anónimos, que de repente adquieren la importancia de héroes, porque quizás cada uno sea un héroe, viviendo su vida (difícil, dura, la emigración, la guerra, la pobreza; “la vida, Manola, la vida”) han construido también la nuestra, que somos su legado. Por ellos somos lo que somos, porque nuestra vida empezó mucho antes de que nosotros naciéramos. Si tuviera que elegir cuál ha sido mi personaje favorito quizás me quede con Chehe, de la que dice cosas como esta: “costaba encontrarle encantos físicos, pero qué linda era.” “En ella resplandecía el más elevado grado de inteligencia humana: el que se manifiesta con la bondad.” O la tía Charina, “que representaba a tantísimas amas de casa anónimas, benditas mujeres del subdesarrollo franquista, como solía llamarlas tío Quico…” Ahí es nada, ¡menuda frase!, cuántas preguntas emanan de ella…

 

Y contando esas historias personales también cuenta una parte de la historia de Canarias, de su isla, La Palma. He apreciado mucho ese aspecto, una manera de entender lo que fue este archipiélago, lo que es ahora. Pero no solo es la historia de Canarias, o de nosotros, también es la historia de tanta gente de tantas otras partes, que al leerla le resultarán todos estos personajes tan cercanos…

 

Hondura, humor, risas, impresión, emoción, asombro, llanto; este libro, pequeño y enorme a su vez, tiene todo eso; y Anelio lo cuenta aparentemente con sencillez (que no es tal porque la prosa es rica, elaborada, pensada, madurada), como si estuviera tomando un café con un amigo; y ahí estamos nosotros, escuchándolo, disfrutándolo, emocionándonos asistiendo a la historia ilustrada del mundo.
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