Afrotopía, interesante pero…

afrotopiaAfrotopía, el ensayo sobre África del que más he escuchado hablar en los últimos años, las expectativas eran grandes, sin embargo, su lectura me ha dejado un poco indiferente. No porque no lo considere una buena obra, que lo es, con un planteamiento realista y profundo sobre la realidad y el futuro de África, sino porque tengo la sensación de que la gran mayoría de lo que se comenta en este ensayo, ya lo he leído antes.

 

La idea principal se basa en que la exportación del modelo occidental a los países africanos tras la colonización y las independencias no se adapta, y en muchos casos puede ser incompatible, con la realidad de los países africanos y su cultura. ¿Se siente un africano plenamente realizado en un modelo de imitación, bajo el requerimiento de adoptar estructuras sociales, mentalidades, significados y valores que no son el resultado de sus propias potencialidades? Evidentemente no, dice la obra. La transposición del mito occidental del progreso tuvo como consecuencia una desestructuración de la sociedad africana, además de un aprisionamiento de las poblaciones en un sistema de valores que no era el suyo.

 

El fracaso de los indicadores como el PIB o el IDH para medir la realidad de los países africanos ya lo he leído en algún prólogo de Mbuyi Kabunda.
El dilema entre tradición y modernidad ha sido tratado por cientos de escritores africanos, me viene a la mente la obra “El metro” de Donato Ndongo, y por supuesto, la citada en el propio ensayo, “La aventura ambigua”, del Senegalés Cheick Amidou Kane.
La civilización occidental no es la única posible, ya se lo dijo el también senegalés Senghor a George Pompidou en los años que fueron compañeros de clase en París: ustedes no nos han traído la civilización, sino que nos han traído su civilización, nosotros ya teníamos una, déjenos que adoptemos de la suya lo que tiene de bueno y rechacemos lo que nos gusta.
Las virtudes de África, los valores propios de los africanos sobre los que asentar su organización social los trata Anne Cecile Robert en un estupendo ensayo en donde desgrana lo que la cultura africana puede aportar a las sociedades occidentales.
Evidentemente los cuatro siglos de la trata negrera, más el siglo de colonialismo y sus atroces resultados sobre la sociedad y la economía africana es una realidad muy presente en cualquier autor. Aimé Césaire escribió en los 50 un crucial ensayo contra el colonialismo: la colonización no perseguía ninguna misión civilizadora, sino el expolio.
La mala gobernanza o el empobrecimiento de los países por los contratos firmados para la explotación de las materias primas que no favorecen un desarrollo industrial propio es un asunto muy tratado.
Que el funcionamiento del sistema económico basado en la asignación óptima de recursos, en la racionalidad y en el coste-beneficio no se adapte a la realidad cultural africana, que en muchos casos se rige por otros parámetros, lo leí en la obra “La otra África”, de Serge Latouche.
Por supuesto menciona la explosión demográfica y la gran mano de obra joven que poblará el contienen en los próximos años. Nadie puede hablar de África hoy en día sin mencionar este aspecto.
Tradiciones africanas como “los primos de broma”, o la filosofía surafricana ubuntu en la que se basó Nelson Mandela para luchar contra el apartheid, o el funcionamiento de las cofradías sufíes, ejemplos que podrían ser la base que regulase una nueva economía más centrada en las relaciones personales que en el coste-beneficio son también muy mencionados por los autores africanos.
La necesidad de desquitarse de toda la herencia colonial que ha generado problemas en la psique de los africanos de los que deben desquitarse, lo explicó perfectamente Fran Fanon cuando hablaba de la necesidad de descolonizar las mentes de los africanos en su obra “Piel negra máscaras blancas”.

 

En mi novela Tal vez Dakar intentaba mostrar esta imposición de la sociedad occidental sobre la sociedad africana con una metáfora: las sociedades africanas se enfrentaban a un panel en la que había que encajar distintas figuras geométricas, el panel tenía dibujado un cuadrado, un triángulo, en el que había que encajar las piezas que se encontraban sobre la mesa, pero resulta que éstas no eran del mismo tamaño, ni tenían exactamente la misma forma, así que al intentar encajarlas no se adaptaban, entraban solo en parte, chocaban en los extremos…

 

Lo que viene a decir Afrotopia, y quizás se encuentre en esta parte el valor añadido que me ofrece este ensayo, es que no hay que intentar encajar las piezas, sino que hay que modificar el panel, cambiar el hueco de sus figuras, para que encajen las piezas, que son la realidad del continente (aunque tampoco desarrolla el cómo hacerlo, tan solo menciona algunas pistas).

 

Aunque esto de que África debe encontrar su propio camino, su propia manera de hacer las cosas, también ha sido bastante mencionado, recuerdo leer allá por 2005 el informe para África que auspició Tony Blair en su época de primer ministro de Inglaterra, en la que muchos intelectuales africanos se expresaban en ese sentido.
Y también lo dijo Aimé Cesaire, en unos versos que también menciona Afrotopía, la poesía que elegí para introducir Tal vez Dakar:

 

(…) pues no es cierto que la obra del hombre ha terminado
que nada tenemos que hacer en el mundo
que somos parásitos del mundo
que basta con que marchemos al andar del mundo
mas la obra del hombre apenas ha comenzado
y al hombre le queda por conquistar toda prohibición inmovilizada en los rincones de su fervor
y ninguna raza posee el monopolio de la belleza, de la inteligencia, de la fuerza
y hay espacio para todos en el lugar de reunión de la conquista (…)

 

En definitiva, pocas cosas nuevas me ha aportado Afrotopía, pero sí es cierto que el libro está muy bien escrito, muy bien reflexionado, conducido, documentado, explicado, y que para aquellos que no están familiarizados con África, o para aquellos que sí lo están pero quieran leer en un ensayo un buen resumen que muestre y aglutine la realidad del continente, las consecuencias de su historia y algunas pistas para el futuro, sí es una es buena obra para ello.

 

Así que bienvenida sea esta publicación en español sobre esa gran desconocida: África.

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